Queda de Braço (O Estado de São Paulo, 16/11/2013)

Estão para lá de estremecidas as relações entre economistas e Ipea. O instituto negou, pela primeira vez desde 2008, apoio ao seminário anual da Associação Keynesiana Brasileira – presidida por José Luis Oreiroe que tem como patronos nomes como Luiz Carlos Bresser Pereirae Luiz Gonzaga Belluzzo.

A AKB diz ter seguido o mesmo ritual dos anos anteriores: fez pedido de financiamento por meio de um edital do Ipea – negado “por falta de recursos”. “A associação sempre recebeu apoio para seus encontros. Acho muito estranho o fato de que a primeira vez que o financiamento foi negado tenha sido sob a presidência de Marcelo Neri”, disse Oreiro à coluna.

Queda 2

Procurado, o Ipea afirmou que as propostas foram avaliadas segundo sete critérios. “Aquelas com maior pontuação foram financiadas; as demais, não. A proposta da AKB ficou em 47º lugar.”

E mais: “Incentivamos a associação a tentar novamente em 2014, sendo que a banca de avaliadores muda a cada ano”.

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Gabriel Palma sobre o (imerecido) Prêmio Nobel de Eugene Fama

La semana pasada se les otorgó el Premio Nobel a tres economistas estadounidenses que trabajan sobre mercados financieros: Eugene Fama, Lars Peter Hansen y Robert Shiller. Si bien esta noticia tuvo impacto en la profesión y círculos políticos, pasó casi inadvertida para el resto de la población. Qué diferencia -se acordarán los mayores de 50 años- con cómo se tiró la casa por la ventana durante la dictadura para celebrar el Nobel de Milton Friedman en 1976. Esto, a pesar de que esta vez uno de los galardonados, Eugene Fama, padre de la desregulación financiera global, es mellizo ideológico de Friedman e inspiración fundamental de los neo-liberales de todo tipo.

Este premio, junto con exponer muchos de los aspectos más negativos de mi profesión, trae a la mente varias interrogantes. ¿Tiene sentido dar premios de este tipo en una disciplina donde las ideas tienen un claro origen ideológico y donde las metodologías y los datos son particularmente frágiles? ¿Tiene sentido honrar justo en la mitad de la peor crisis financiera en casi un siglo a alguien que se pasó medio siglo diciendo que jamás podría haber una crisis financiera de este tipo? ¿Y qué es de los millones que están sufriendo las consecuencias de esta crisis, producto en gran parte de la aplicación de las políticas de desregulación financiera propuestas por Fama? Es necesario preguntarse también cuál es el status “científico” de las propuestas de políticas que hacemos los economistas. Por ejemplo, cuando la mayoría en mi profesión se opone a que la educación universitaria sea gratuita, ¿están expresando sólo una opinión?

Nobel de Economía: un “truco de mercado”

 

1.- ¿Existe realmente un “Premio Nobel de Economía”? La sorprendente respuesta es que no existe ni nunca ha existido. Este Nobel es sólo una ficción inventada por una profesión en busca de credibilidad. A Alfred Nobel nunca se le pasó por la mente crearlo; por el contrario, como muchos científicos de esa época, él tenía una opinión muy baja de esta disciplina. Jamás se le hubiese ocurrido colocar a la Economía a la par de ciencias como la Física, la Química o la Medicina, para las cuales sí creó un premio. Sin embargo, un grupo influyente de economistas, sin importarles para nada la opinión ni deseos de Nobel ni los de su familia, idearon un truco de relaciones públicas para dar la impresión de que la Economía, como ciencia, estaba a la par con aquellas. Después de todo, una cosa que le sobra a mi profesión es poder y recursos para lograr lo que se le de la gana. Y así inventaron este premio, o, para ser más preciso, así compraron un acceso lateral a estos premios.

Una cosa que le sobra a mi profesión es poder y recursos para lograr lo que se le de la gana. Y así inventaron el Nobel de Economía o, para ser más precisos, compraron un acceso lateral a estos premios

En 1969, casi 75 años después de que Alfred Nobel creara el galardón original, este grupo de economistas decidió inventar el Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas “en memoria de Alfred Nobel”, usando los enormes recursos del Banco Central de Suecia. La ironía de llamarlo así es que era “en memoria” de alguien que explícitamente no creía para nada que la Economía fuese ciencia. Cada vez que se entrega el premio, el pobre Nobel se debe estar revolcando en su tumba. Es como si el Instituto Libertad y Desarrollo creara un premio para honrar a quienes contribuyeron a la implementación de las reformas económicas neo-liberales, y lo llamara “en memoria de Pablo Neruda”. En fin, cualquier institución del mundo puede crear un premio en memoria de quien quiera, por absurdo que sea, pues nombres no son marca registrada en ese sentido.

Pero eso no era suficiente para una profesión con complejo de inferioridad respecto de las ciencias duras: al premio había que darle credibilidad científica. Un Banco Central dando un premio a uno de los suyos iba a pasar bastante ignorado, salvo en la cuenta corriente del premiado. Para ello usó inteligentemente una oportunidad fortuita: las celebraciones de los 300 años del Banco Central sueco, el banco central más antiguo del mundo. Así, mis colegas usaron ese evento para convencer a la institución a cargo de los premios Nobel -que como cualquiera otra siempre está ansiosa de nuevos aportes financieros- de permitir la entrega de este premio en la misma ceremonia de los Nobel de verdad. Eso fue todo lo que consiguió. Sólo un asunto de ceremonias. Pero de ahí en adelante poco importó que el origen del premio fuese tan distinto, que el nombre del premio fuese tan diferente, que hasta las medallas que se entregaban fuesen tan disímiles, y para que decir los orígenes de las platas: los de verdad, los fondos que dejó Alfred Nobel versus los del impostor, las bóvedas del Banco Central. Lo único relevante eran las apariencias.

Finalmente, el grupo de economistas a cargo de la operación, ya envueltos en una larga pelea por una mayor independencia del banco -esto es, para que sus acciones estuviesen cada día más al margen del proceso democrático-, tenían que asegurarse de que el premio fuese otorgado a gente que los apoyara en sus peleas ideológicas contra los keynesianos social-demócratas que habían inventado el “modelo sueco”, transformado a ese país, entre otras cosas, en uno de los de mejor distribución del ingreso en el mundo. ¡Tanta igualdad sólo puede ser fruto de distorsiones del mercado! (Para un mapa de la distribución del ingreso en el mundo, donde se les olvidó colocar a Suecia; ver también).

Casi 75 años después de que Alfred Nobel creara el galardón original, un grupo de economistas decidió inventar el Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas ‘en memoria de Alfred Nobel’. La ironía de llamarlo así es que era ‘en memoria’ de alguien quien explícitamente no creía para nada que la economía fuese ciencia

Por tanto, el Banco Central sueco impuso a Assar Lindbeck, un economista neo-liberal con fuertes conexiones con la Universidad de Chicago para estar a cargo del premio: alguien sin ningún brillo académico pero con un compás ideológico muy claro. Y no sólo forzó su nombramiento, sino que lo mantuvo en el cargo por tres décadas, durante las cuales pasó a ser el economista más halagado y agasajado del mundo: el más wined and dined, como se dice en las tierras donde vivo.

¡Qué golpe maestro! Cómo revela el poder de mi profesión y sus aspectos más negativos. Hasta al Banco de la Reserva Federal de Miniápolis le dio suficiente vergüenza como para llamarlo un brillante truco de mercado (“marketing ploy”; ver).

Para Peter Nobel, sobrino de Alfred, esto era más serio: “El Premio de Economía no es mas que un paracaidista que pretende ser un Premio Nobel. Es un golpe de relaciones públicas de los economistas para mejorar su reputación. … [Este premio] es otorgado a menudo a meros especuladores financieros.” (ver).

El Nobel para la especulación

La historia de Myron Scholes y Robert Merton, quienes recibieron el Premio Nobel por diseñar un método para determinar el valor de las derivativas, la cual aplicaban en un hedge fund (el LTCM, un fondo de inversión), viene a la memoria. Según sus autores, la ecuación Black–Scholes, una forma de valuar opciones, como los calls y puts, supuestamente solucionaba el eterno problema del manejo del riesgo. La caída estrepitosa del LTCM al año siguiente reveló lo absurdo de sus ideas -y la del Nobel-. ¡Ambos eran cuentos de economista! Cuando el LTCM se vino abajo estrepitosamente tenia un capital propio de menos de US$ 5 mil millones, un portafolio de US$ 200 mil millones y derivadas con un valor hipotético de US$1.3 millones de millones: ¡eso es lo que llama leverage! Como dijo Warren Buffett: “si uno combina ignorancia con leverage, el resultado puede ser muy interesante”. Thomas Jefferson fue uno de los primeros en dar en el clavo: “los mercados financieros son más peligrosos para nuestras libertades individuales que los ejércitos armados”. ¡Para qué decir los desregulados!

Con todo esto, no es de extrañar la furia de Peter Nobel al ver cómo el notorio premio en Economía devaluaba el nombre de su tío, el de los premios de verdad, y el de toda su familia.

La forma poco transparente e increíblemente generosa en la que el Banco de la Reserva de Nueva York llegó al rescate, a pesar de que el LTCM no estaba bajo su supervisión -otro ejemplo de crony-capitalism-, tampoco contribuyó al buen nombre del Nobel. Solo mostró que a los economistas nos gusta actuar como un gremio medieval, cuya única función es ayudarnos mutuamente en momentos de apremio. ¡Socialismo para nosotros, capitalismo para los demás!

Peter Nobel no es el único miembro de la familia que cree que el galardón a los economistas es un impostor. En 2001, con ocasión del 100 aniversario del Premio Nobel, cuatro miembros de esa familia publicaron una carta argumentando que el premio de Economía degradaba y deshonraba a los Nobel de verdad. La comunidad científica sueca dijo en 2004 lo mismo: tres miembros del comité que otorga el premio publicaron una carta calificando de “fraudulentas” las credenciales científicas del galardón del Banco Central: “El premio de Economía merma el valor de los Nobel. Si estos últimos quieren continuar con su reputación, deben disociarse del de Economía”, decía dicha carta.

Esto no significa, por supuesto, que muchos de aquellos que han ganado el premio de Economía no estén entre lo mas erudito de mi profesión. Lo que significa es que, en lugar de conformarse con crear un premio de verdad, la oligarquía de la profesión prefirió uno que fuese un impostor, y uno que además asegurase que los disidentes quedasen al margen. Tampoco es de extrañar que ninguna economista mujer haya ganado el Nobel (sólo una politóloga, mujeres en ciencias sociales, como en literatura, está bien, ¿pero en Economía?). Por ejemplo, ¿cómo es posible que mis dos colegas en Cambridge, Joan Robinson -la economista mujer más grande de la historia- y Nicholas Kaldor, nunca lo recibieran? Eso es algo absolutamente aberrante. Y para que decir Michał Kalecki, el economista polaco que adelantó las ideas fundamentales de Keynes.

Pero, después de todo, somos economistas; si se quiere tener un Nobel, por qué no hacemos lo de siempre: supongamos que existe uno. Y después discriminamos (en ideología, género, etc.), e ignoremos totalmente (con cualquier excusa absurda) a aquellos que hacen economía en forma exitosa, como en Asia.

Premio de Economía 2013: a Ptolomeo y Copérnico simultáneamente

2.- El segundo fenómeno que revela el último Nobel, es que la Economía debe ser la única disciplina que se cree ciencia, y que al mismo tiempo puede dar un premio a dos personas que dicen exactamente lo opuesto: Eugene Fama y Robert Shiller. Para el primero, los mercados financieros son tan increíblemente eficientes que los precios de los activos financieros siempre reflejan los fundamentos y, por tanto, nadie puede ganar más plata que el resto especulando con ellos en forma sistemática. Esto significa que estrategias de especulación activas no deberían dar mayores retornos que un simple index-tracking. En su versión más extrema, que aún informa de la poca regulación financiera que hay en Chile, esta teoría dice que los precios de los activos financieros absorben toda la información en forma tan instantánea y eficaz, que ni siquiera los que tienen acceso a información privilegiada deberían lograr ventajas respecto del resto.

Para Shiller, en cambio, la dinámica de los mercados financieros está inevitablemente manejada por la psicología humana, la cual puede crear fácilmente, y en forma sostenida, precios errados (mis-pricing), como en el caso de las burbujas financieras recientes. Y lo puede hacer por periodos muy largos.

Es como haberles dado un premio de astronomía a Claudio Ptolomeo y Nicolás Copérnico simultáneamente. Al primero, por demostrar que la Tierra es un planeta inmóvil en centro del universo, con el Sol y la Luna girando a su alrededor. El otro por demostrar lo contrario: que no existe un cosmos cerrado y jerarquizado, producto de la imaginación de un hombre con un terrible complejo de ombligo, sino un universo homogéneo e indeterminado y, a la postre, infinito.

Lo realmente crucial de entender, es que de haber un premio de verdad para la Economía, por la naturaleza de nuestra disciplina, la contradicción de otorgárselo a dos personas con ideas tan opuestas, debería ser la norma, no la excepción. La naturaleza de nuestra disciplina, sus métodos y evidencia empírica son tales y el rol fundamental de la ideología es tal, que estos premios deberían darse no tanto por lo que se dice, sino por la rigurosidad con la que se dice lo que se dice; esto es, otorgarlos por la pureza de la lógica, la potencia de los datos y, cuando es necesario, por la seriedad del algebra.

Eso es todo lo que le podemos pedir a nuestra ciencia económica. Nuestros Ptolomeos y Copérnicos actuales (guardando las distancias en cuanto a genialidad) están en realidad igual de distantes unos de los otros como lo estaban aquellos cuando argumentan, por ejemplo, sobre las posibles bondades de una “independencia” del Banco Central, de los orígenes de la inflación, de las fuentes del crecimiento, de la “flexibilización” deseada en el mercado laboral, del financiamiento de la educación, o de los orígenes de nuestra picante desigualdad -y de los mecanismos más eficaces para mejorarla-. Pretender lo contrario, acallando a la disidencia, es puro cuento. O como nos dice aquella gran canción: “Teatro. Lo tuyo es puro teatro. Falsedad bien ensayada. Estudiado simulacro”.

Pero una disciplina que tiene la ilusión de ser “ciencia dura” -e incapaz de aceptar el desconsuelo de ser Ciencia Social- no puede reconocer eso. Al igual que un nuevo rico que pretende ser plata antigua, tiene que hacer teatro, puro teatro. Parte fundamental de esa farsa es reprimir la controversia y disfrazar la ideología como “conocimiento”. Esto es, disfrazar la “verdad revelada” como verdad adquirida a través de un riguroso examen de la realidad.

Darle hoy el premio a Eugene  Fama es una  aberración y un insulto a los millones que están sufriendo las consecuencia de sus ideas

Para aquellos que opinan diferente sólo cabe hacer lo que hizo el Vaticano con Copérnico: ¡condenarlo por hereje! Por lo menos ni a él, ni después a Galileo, le pasó lo que le ocurrió al astrónomo Giordano Bruno, quien aprovechó las tesis heliocéntricas para expresar su idea de que el Universo era infinito, y de que en él podían existir infinidad de mundos similares a la Tierra. Bruno fue condenado a la hoguera por la Inquisición en el año 1600. Galileo, quien con su telescopio e increíble genialidad llevó al abandono definitivo del sistema ptolemaico, sólo fue advertido por la Inquisición en 1616, y en 1633 se le prohibió divulgar sus ideas, las que fueron consideradas heréticas. También se le prohibió enseñar y se le recluyó en arresto domiciliario. ¿Suena conocido?

Lo más importante, y lo cual no hay nunca que olvidar, es que el modelo ptolemaico no sólo se ajustaba a la perfección a la ideología y las religiones de la época, sino también a la validez de los datos que existían en su época, y al contexto científico de casi dos milenios. Entender eso, sin duda, nos puede ayudar a desmitificar las ciencias, para que decir las Ciencias Sociales, en especial, las que tienen vergüenza de serlo.

Fama: el padre de la desregulación financiera

3.- El tercer fenómeno, sub-producto de lo anterior, es la interrogante: ¿cómo alguien como Eugene Fama puede llevarse este premio, por muy virtual y sesgado que sea? Ya decíamos, de existir alguna vez un premio de Economía que sea en serio, no debería extrañar que sea otorgado simultáneamente a los nuevos Ptolomeos y Copérnicos de la profesión. Sin embargo, como muchos periodistas han informado, lo que sucedió esta semana no fue un reconocimiento a esta realidad, tan obvia, sino fue sólo un subterfugio para darle el premio a Eugene Fama, padre de la desregulación de los mercados financieros internacionales, ¡y de tantas fortunas hechas con ellos! Desregulación que, más que ningún otro factor, nos llevó al desastre de la actual crisis financiera global (ver), donde al menos otras 200 millones de personas cayeron bajo en nivel de pobreza, 50 millones perdieron su trabajo y donde los países de la periferia europea se cayeron a pedazos (en especial, porque sus oligarquías, gracias a la desregulación financiera avocada por Fama, pudieron sacar toda su plata hacia Alemania).

Eugene Fama

Como les gusta a los economistas neo-liberales, mientras suena la música, unos son los que bailan; cuando se acaba, otros son los que tiene que limpiar la mugre. ¿Se acuerdan el ’82, cuando el rescate del sistema bancario le costó a todos los chilenos un monto equivalente a más de la mitad del PIB? Hasta hoy día seguimos pagando impuestos para financiar eso. Pero según Eugene Fama, a la lista de las victimas de esta crisis hay que agregar los infortunados mercados financieros (ver). ¿Cómo es que a nadie se le ha ocurrido organizar una Teletón para ayudarlos?

Este subterfugio de juntar a Fama con Shiller, y agregar un gran econometrista que no crea polémica, permitió darle el premio a Fama y evitar que se creara una controversia tal, que pusiera aún más en discusión el futuro del premio.

Pero dejando de lado este subterfugio, ¿se merecería Fama el premio en un escenario donde se reconoce la diversidad de pensamientos en economía? Difícil pregunta. Yo lo dudo. Ya decíamos, de acuerdo a su teoría, los precios de los activos financieros en todo momento reflejan a la perfección “toda la información disponible”. Esto es, jamás podría haber una brecha endógena en estos precios y fundamentos, para que decir una burbuja financiera. Es decir, los precios de los activos financieros se merecen un pedestal, y las “opciones” sobre acciones para sus ejecutivos son la recompensa más racional para el buen rendimiento de una empresa.

El punto clave aquí es que si por cualquier razón los mercados financieros se desalinean, siempre se van a “auto-corregir” y de forma casi instantánea. En el casino financiero, los jugadores inteligentes simplemente van a forzar a los precios de los activos financieros a ser “racionales”, haciendo exactamente lo contrario de lo que hacen en la vida real: tomar el otro lado de la acción cuando los precios empiezan a desarrollar alguna tendencia -pues, por definición, según Fama, ésta no puede tener sustancia-. En otras palabras, para la teología de los mercados financieros eficientes, un “surfista racional” no es el que se divierte cabalgando sobre las olas, sino el que se ahoga tratando de crear resacas. Hasta las ideas ptolomeicas hacen sentido al lado de eso…

Y, como decíamos, cuando le preguntaron a Fama en la citada entrevista sobre la actual crisis financiera global y el rol de las desregulación financiera, para él los 10 millones de millones de dólares en créditos hipotecarios que se otorgaron en Estados Unidos desde la desregulación financiera hasta la crisis, fueron perfectamente racionales. Lo que sucedió, según él, fue que la recesión económica complicó su servicio. Cuando el periodista le recuerda que la crisis hipotecaria vino primero y la recesión después, su respuesta fue: “No lo creo. No pudo haber sido así” (I don’t think so. How could it?). ¡Para el mármol! Sí Eugene, ¡así fue! Dando vueltas el dicho, parece que si Fama no quiere ir a la montaña, la hace venir hacia él…

En cuanto al resto del mercado financiero, si Goldman Sachs creaba productos financieros diseñados a propósito para fracasar, para luego vendérselos a sus clientes como si fuesen una mina de oro, y después hacer una apuesta (un credit default swap) de que esos mismos productos iban a fallar, eso era totalmente racional y eficiente (y ético). Lo que ellos hacían era como si yo vendiese un auto a sabiendas de que los frenos están malos, sin decirle nada al comprador, y luego hiciera una apuesta (un swap) a que el nuevo dueño va a tener un accidente en los próximos seis meses. Y si se descubre el fraude, me desligo del problema disculpándome de que fui la victima y no su causante.

Por supuesto, ningún ejecutivo del Goldman Sachs terminó en la cárcel por este obsceno fraude, ni tuvo que devolver los enormes “bonos” recibidos por todo lo que ganaron con tal brillante idea. Como dijo una famosa especuladora, eso sólo le pasa a la little people”. Igual de racional y eficiente es el hecho de que se hayan ofrecido en Estados Unidos –y sólo en 2006- un millón y medio de tarjetas de crédito a personas clasificadas como “sub-prime” (personas con malos antecedentes financieros); o que se haya vendido casi medio billón de dólares (US$500 mil millones) de hipotecas basura -muchas de las cuales se vendían a personas sin ingreso, sin trabajo y sin activos (las famosas hipotecas ‘NINJA’ dadas a personas con no income, job, or assets)-.

Según Fama, jugando un rol que hace recordar al de un mandarín de la corte financiera, todo eso es de lo más racional del mundo: lógico y eficiente. (Para la estrecha relación entre mis colegas ‘des-reguladores’ y los mercados financieros, ver la película Inside Job). Según otros, esto es el resultado inevitable de la desregulación financiera en mercados con exceso de liquidez.

Creo que un premio de verdad debería poner al menos algún límite al fundamentalismo de mercado y todas las visiones que son pura ideología. Ahora, si lo que se quiere premiar es la ‘teología matemática’, bueno, eso es otra cosa.

Einstein junto a Mickey Mouse

4.- Finalmente, todo esto transparenta mejor que nada lo que realmente es la Economía como disciplina, y algunos de mis colegas como voceros de grupos de interés. Siempre deberíamos tomar con mucha cautela lo que nos predican los economistas, al igual que tener mucha aprehensión a las tendencias imperialistas de la profesión en otras áreas de la vida social (en el primer gabinete de Patricio Aylwin había siete economistas, cinco de los cuales con doctorados en el extranjero). Si había problemas complejos en Salud, Educación, Obras Públicas, Energía, Transporte, o lo que sea, ¡traigan a un economista! Ojala con un doctorado en el extranjero, y si es posible, en un país anglo-sajón. No sabrán la diferencia entre una aspirina y un paracetamol, pero sin duda sabrán cómo solucionar el problema de la Salud en Chile.

Imagínense lo que debe haber sentido Peter Higgs al compartir plataforma con Eugene Fama. Alguien insolente podría decir la exageración: “Einstein junto a Mickey Mouse”. Alguien más sensato diría: “un gran científico teórico junto a un ideólogo influyente, serio, sistemático y trabajador

Si yo me creyese este cuento -y la tentación existe- seria tan fácil autoconvencerme de que tengo la respuesta científicamente cierta a un sinnúmero de problemas. No es que no tenga opiniones bien informadas sobre muchos de ellos, opiniones bien pensadas y definidas en innumerables horas quemándome las pestañas. El cuento es creer que esas opiniones informadas tiene el mismo status científico que el descubrimiento reciente de por qué la partícula Higgs (o Higgs boson) es capaz de explicar la razón de que algunas partículas fundamentales tengan masa, cuando las simetrías que controlan sus interacciones requieren que ellas no las tengan, lo que llevó a dos físicos a ganarse un Premio Nobel este año (uno de esos de verdad). Imagínense lo que debe haber sentido Higgs al compartir plataforma con Fama. Alguien insolente podría decir la exageración: Einstein junto a Mickey Mouse. Alguien más sensato podría pensar: “un gran científico teórico junto a un ideólogo influyente, serio, sistemático y trabajador”.

Lo más importante de todo es entender que cuando los economistas proponemos ‘soluciones’, salvo cuando es hacer lo mismo, pero mejor (por ejemplo, las convincentes propuestas de Eduardo Engel sobre como mejorar la asignación de recursos en Obras Públicas dentro del actual sistema de concesiones), lo hacemos parados en un tejado de vidrio llamado ideología. Por eso, para entender las enormes ineficiencias y sesgos del modelo en Chile, estudiar a Gramsci es tan importante como a Keynes -y quizás también a algún dramaturgo importante para poder entender la complejidad del componente circo en la ecuación “deuda, pan y circo”-.

Un amigo aquí en la universidad, gran físico teórico, con quien nos hicimos amigos por razones accidentales, se pasó su vida (desde su tesis de doctorado) desarrollando una teoría del espacio. Bastó que la NASA mandara un nuevo telescopio al espacio, para que en sus primeras mediciones mostrara que su teoría no funcionaba. En Economía somos diferentes: si la monumental crisis financiera global actual muestra que las hipótesis de Eugene Fama están totalmente erradas, no importa: el mundo es el que está equivocado, no es la hipótesis.

Fama estudio en los ’60 y ’70 el comportamiento de los mercados financieros y concluyó que eran perfectamente eficientes (ya una exageración), sin tomar en cuenta el rol en ello de la inteligente regulación financiera de la época (diseñada por Franklin Delano Roosevelt y John Maynard Keynes, la cual permitió por primera vez pasar medio siglo sin crisis financiera). Si funcionaban en forma eficiente, ¿para qué necesitamos regulación?, se preguntaba el economista de Chicago. Bueno, ¡ahora lo sabemos! Por eso, darle el premio a principios de los ’80, dada la naturaleza del premio y de mi profesión, hasta se podría entender (a regañadientes). Dárselo ahora, es una aberración y un insulto a los millones que están sufriendo las consecuencia de sus ideas.

O neo-liberal o neo-idiota

Aquí está el problema de fondo con mi profesión. Y, para variar, hay que recurrir al psicoanálisis para entenderlo. El punto central es la proposición que hacen algunos analistas de una relación inversa entra “las expectativas de entender el mundo real” y “la intolerancia con el disentimiento”. Como nos decía el presidente del Banco Central de Brasil, doctor en Harvard y socialista-renovado, la alternativa hoy en día es ser neo-liberal o neo-idiota (neo-burro). Tan simple como eso. No hay espacio para visiones alternativas. Ciencias con tejado de vidrio no pueden ser tolerantes a la diversidad de opiniones. Es tan simple como eso.

Lo fundamental es el absolutismo prevalente en mi profesión. Lo primordial no es lo que se lee, es la forma en la que se lee. No es lo que se piensa, es la forma de pensar. No es lo que se cree, es cómo se cree. El absolutismo es la diferencia entre “yo creo que esto es así”, a “esto es así”. Es la diferencia entre la búsqueda de la verdad y “La Verdad”. Lo que se cree se convierte en realidad, y lo que se cree saber se convierte en “un hecho”. La cuestión crucial aquí es que la pureza de la fe entra en conflicto con la formidable complejidad del mundo real. El miedo está en el permitir nuevas ideas o formas en el sistema de creencias tradicional: esto puede destruir la creencia misma. Este temor lleva a lo que Freud llamó el instinto de destrucción. No hay tal cosa como el derecho de las minorías o a la disidencia. La adoración de una idea -por ejemplo, como nos dice Fama su absoluta desconfianza por todo lo publico (ver la entrevista citada)- se torna tan poderosa, sagrada e inviolable, que se llega a considerar como si tuviese poderes sobrenaturales. Y los defensores de esa idea pueden actuar -a lo Robespierre- tan agresivamente como quieran. El uso sacramental de la matemática en la Economía tiene que ver con eso: una rígida devoción a una nueva liturgia.

Desde este punto de vista, el quehacer cotidiano de la Economía dominante hoy en día recuerda los debates escolásticos en teología en la Edad Media. No sólo los temas en los cuales se entretiene se asemejan a los debates surrealistas medievales de cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler, sino también se asemejan en términos del uso del latín como única lengua en la que se podía discutir de teología en los debates de la época. De hecho, la Inquisición no sólo prohibió libros heréticos, sino que también prohibió traducciones de la Biblia del latín a las lenguas de la gente común. Así, el tratamiento de una cosa concreta -el latín, en un caso, las matemáticas en el otro-, no es más que una forma de “fetichismo ontológico”: como si el mero hecho de hablar en esas lenguas dé a las ideas más significado de por si. La misma idea, expresada en distintos lenguajes, parecería tener diferentes significados.

A estas alturas debería estar claro a donde voy con esta larga columna: cuando en el próximo gobierno, más que seguro el de Michelle Bachelet, sus economistas, todos con excelentes credenciales, les digan, por ejemplo, qué es lo que se puede hacer, y qué es lo que no, en términos del financiamiento de la Educación, el royalty minero o el mejoramiento de la desigualdad, recuerden que eso no es más que una opinión. Una opinión muchas veces muy bien informada, muchas veces pensada con la mayor honestidad y siempre planteada con mucha convicción, pero al fin de cuentas sólo una opinión.

Estar bien informado(a), ser honesto(a) y tener convicción (y conocer el lenguaje de la matemática) ayuda, pero de ninguna manera resuelve los problemas inherentes a ser Ciencia Social, dada la infinita complejidad de lo real-social y de la fragilidad inexorable de nuestros métodos de análisis y evidencia empírica. Cuando les digan lo contrario, acuérdense de que es sólo porque en Chile, desgraciadamente, todavía está de moda esta nueva forma de populismo: el populismo economicista. Teatro, puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro.

Link: http://ciperchile.cl/2013/10/21/premio-nobel-de-economia-teatro-puro-teatro/

AKB lança dossie IV da Crise : a economia brasileira na encruzilhada

Caros membros e amigos da AKB,

É com grande satisfação que anuncio o lançamento do Dossiê IV da crise, intitulado “A economia brasileira na encruzilhada”. O mesmo pode ser consultado no link ao lado (DOSSIÊ_Economia_na_encruzilhada).

Boa leitura a todos,

José Luis Oreiro

Presidente da Associação Keynesiana Brasileira

 

 

 

UMA AVALIAÇÃO DA CRISE FINANCEIRA INTERNACIONAL CINCO ANOS DEPOIS

Hoje faz precisamente 5 anos que o Banco de Investimentos Lehman Brothers faliu, detonando uma crise de confiança generalizada no sistema financeiro americano, a qual se alastraria rapidamente pelo mundo inteiro, dando origem a maior crise financeira da história do capitalismo no pós segunda guerra mundial. A intervenção maciça dos bancos centrais dos países desenvolvidos em conjunto com grandes pacotes de estímulo fiscal e operações de bail-out de bancos impediu que essa crise financeira se transformasse numa nova grande Depressão. Contudo, passados quase 5 anos do início da crise, o mundo ainda sente os efeitos da mesma: A Europa continua em recessão, os Estados Unidos ainda não recuperou o nível de emprego prevalecente antes da crise e os países em desenvolvimento, particularmente o Brasil, ainda lutam para escapar dos efeitos nocivos que as sucessivas operações de quantitative easing tiveram sobre suas taxas de câmbio e, portanto, sobre sua competitividade internacional.

Nesse contexto, a Associação Keynesiana Brasileira lança uma série especial de cinco pequenos artigos escritos por seus membros para fazer um balanço desses cinco anos, procurando avaliar os impactos que a crise financeira de 2008 teve e ainda tem sobre as economias dos países desenvolvidos e em desenvolvimento.

Boa Leitura

José Luis Oreiro

Presidente da Associação Keynesiana Brasileira.

As Finanças das Crises

Giuliano Contento de Oliveira[1]

A ascensão e supremacia da liberalização e desregulamentação das finanças lançaram as bases para a constituição de mercados financeiros verdadeiramente globais no capitalismo contemporâneo. O sistema de gestão da riqueza se tornou, progressivamente, ditado pela lógica da especulação.

Conformou-se, com efeito, um espaço global para a valorização do capital. Sem as restrições impostas pelas regulações internas dos países, de um lado, e com a progressiva capacidade de mobilidade entre os países, de outro, os fluxos internacionais de capitais se tornaram excepcionalmente instabilizadores, mormente para as economias de moedas inconversíveis.

Sob a égide de um sistema monetário e financeiro internacional hierarquizado, baseado em moedas nacionais, tais processos, em articulação com a institucionalização das poupanças individuais e a securitização, tornaram frequentes os episódios de crises financeiras, impondo ajustes macroeconômicos severos e frequentes em muitos países.

A mais recente crise global, detonada em 2008, foi sem sombra de dúvida a mais marcante de todas, exatamente por atingir o centro vital do sistema financeiro mundializado contemporâneo, a saber, o sistema financeiro americano.

Depois do colapso do sistema de Bretton Woods, a principal âncora do dólar passou a ser, exatamente, o sistema financeiro americano, o mais líquido e profundo do planeta. Destarte, a crise, ao atingir um dos principais pilares da hegemonia americana, além de ter suscitado o risco de uma nova grande depressão, ensejou dúvidas acerca da supremacia absoluta do dólar no sistema monetário internacional.

A análise retrospectiva permite elencar muitos fatos emblemáticos da crise. Neste pequeno artigo, faz-se menção a quatro deles, a saber: i) a reação dos mercados frente à economia americana; ii) a reação não convencional do Banco Central americano, o Fed; iii) a consolidação da lógica baseada na privatização dos ganhos e socialização de prejuízos privados; e iv) a dinâmica do “business as usual” e as finanças da crise.

Em primeiro lugar, foi notável o ingresso de capital na economia americana no contexto imediatamente subsequente à crise. Mais do que uma contradição, a apreciação do dólar naquele contexto ilustrou, de maneira didática, a supremacia da moeda dos Estados Unidos no Sistema Financeiro Internacional. Depois, é verdade, o dólar passou a sofrer um processo de depreciação, inclusive por conta das políticas anticíclicas, mas não deixou de ser notável o comportamento do dólar no imediato pós-crise.

Em segundo lugar, o Fed rasgou a cartilha do “novo consenso” de política monetária, fazendo uso de instrumentos há muito sepultados pelo representantes do que se poderia chamar de “verdadeira ciência econômica”. O Banco Central americano mostrou que entre o risco moral e o risco de colapso do sistema financeiro, o primeiro deve ser assumido e, o segundo, eliminado, nem que para isso seja necessário incorrer na contradição de fazer uso de medidas pouco convencionais, rompendo-se com o dogma da política monetária segundo a sabedoria convencional: um instrumento, um objetivo.

Além disso, e em terceiro lugar, vale mencionar que no contexto de globalização das finanças, e a experiência recente não fugiu à regra, proliferou-se e naturalizou-se o sistema de privatização dos ganhos, em tempos de bonança, e socialização dos prejuízos privados, em períodos de crise. Para muitos, não haveria nada a fazer, ante a centralidade das finanças no capitalismo contemporâneo e as lições da Grande Depressão dos anos 1930.

A questão central, contudo, não diz exatamente respeito à necessidade de intervenção para evitar o colapso do sistema financeiro, mas, sim, à forma como esse processo tem sido realizado e aos seus efeitos sobre as sociedades. A metamorfose de dívida privada em dívida pública, de um lado, e o subsequente ajuste recessivo das economias em crise, de outro, revelam a necessidade de se avançar, e muito, no plano da regulação do sistema financeiro. Sob o risco de uma grande depressão, sociedades são penalizadas em razão dos abusos de poucos. De fato, em contextos como a da crise global recente, os bancos centrais precisam agir e exercer as funções de prestamista de última instância e “market maker”. Os recursos para isso, contudo, poderiam advir de fundos constituídos pelo sistema financeiro, a partir dos exorbitantes lucros obtidos durante os períodos de prosperidade.

Finalmente, o quarto e último fato emblemático da crise, aqui elencado, diz respeito à dinâmica do “business as usual”. Depois das indicações de muitos governos de que mudanças substantivas ocorreriam nos sistemas financeiros, efetivamente pouco se avançou nessa frente e tampouco há indicações de que mudanças relevantes vão acontecer. A lógica dos negócios tem feito com que, ao invés de uma crise das finanças, as sociedades continuem subjugadas às finanças das crises.

Brasil (2008-2013): Do Momento Minsky a Estagnação da Produção Industrial.

José Luis Oreiro*

A falência do banco de investimento Lehman Brothers em 15 de setembro de 2008 produziu uma crise Minskiana na economia brasileira. Como resultado da crise de confiança gestada, em grande parte, pelo estouro da bolha especulativa no mercado de câmbio, num contexto em que várias empresas brasileiras procuravam obter lucros com as operações de forward target, o crédito bancário no Brasil – principalmente o crédito para o financiamento do capital de giro das empresas e o consumo de bens duráveis -sofreu uma forte contração, levando a uma queda forte e rápida da produção industrial[2]. Com efeito, entre setembro e dezembro de 2008, a produção física da indústria de transformação sofreu uma queda de 19,27% segundo dados do IPEATADA.

As medidas anunciadas pelo governo no final de 2008 e início de 2009 como, por exemplo, a instituição do depósito a prazo com garantia especial para estancar a sangria de depósitos dos bancos pequenos e médios para os grandes bancos [3], atuaram no sentido de normalizar as condições de crédito prevalecentes na economia brasileira já no primeiro semestre de 2009. Essas medidas em conjunto com a essencial, embora tardia, redução da taxa básica de juros (iniciada em janeiro de 2009) e a expansão fiscal propiciada pela redução da meta de superávit primário em 2009 para 2,5% do PIB, permitiram uma recuperação bastante rápida da produção industrial, a qual atinge em março de 2010 o mesmo nível prevalecente em setembro de 2008. Dessa forma, no primeiro semestre de 2010 a indústria brasileira de transformação havia se recuperado dos efeitos da crise financeira internacional de 2008.

Apesar da recuperação relativamente rápida da produção ao longo do ano de 2009, a indústria brasileira de transformação não recuperou o dinamismo que tinha anteriormente a crise. Com efeito, no período compreendido entre agosto de 2003 e agosto de 2008, a produção física da indústria de transformação havia aumentado 22,48%, o que significa um aumento anual médio de 4,49%. Entre abril de 2010 e abril de 2013, contudo, a produção física da indústria de transformação permaneceu praticamente estagnada, tendo apresentado uma ligeira queda de 0,29%.

Qual a razão da estagnação da produção industrial no período 2010-2013? Essa situação não se deve a uma suposta escassez de demanda agregada causada pelo recrudescimento da crise internacional após 2010 em função dos problemas na área do Euro – como insiste a equipe econômica do governo – haja vista que as vendas no varejo mantiveram, nesse período, uma nítida tendência de elevação e, mais importante, o faturamento da indústria também continuou aumentando, apesar da estagnação da produção física!!!

A explicação para esses fatos é que a indústria brasileira, passados os efeitos da crise financeira de 2008, não está conseguindo ter acesso a demanda doméstica (e menos ainda a demanda internacional), uma vez que o acesso a essa demanda depende da sua competitividade, a qual foi sendo lentamente corroída pelo crescimento dos salários na frente da produtividade do trabalho – decorrência da situação de virtual “pleno-emprego” que a economia brasileira experimenta nos últimos três anos e da política de valorização do salário mínimo – e pela tendência a apreciação da taxa real de câmbio, presente desde 2005. Esses fatores explicam porque a relação custo unitário do trabalho/taxa real efetiva de câmbio tenha aumentado nada menos do que 60% entre dezembro de 2001 e dezembro de 2011, indicando a dimensão da perda de competitividade da indústria de transformação.

A perda de competitividade da indústria somada com uma expansão ainda robusta da demanda doméstica, em função dos efeitos combinados do crescimento dos salários e das medidas de estímulo do governo, acabou atuando como elemento catalisador do processo de substituição da produção doméstica por importações, a qual se expressa na brutal elevação do coeficiente de penetração das importações, que passou de 10% em 2003 para 21% em 2012. A substituição da produção doméstica por importações explica o aparente paradoxo do aumento do faturamento da indústria num contexto de estagnação da produção física, uma vez que a indústria brasileira está se transformando crescentemente numa maquiladora.

Por fim, o ritmo robusto de expansão da demanda doméstica, alimentado pelo crescimento dos salários na frente da produtividade do trabalho e pelas políticas de estímulo à demanda por parte do governo, atuou no sentido de aumentar a demanda por serviços, os quais são altamente intensivos em mão de obra, razão pela qual a estagnação da produção industrial se faz acompanhar por um elevado nível de emprego, reforçando assim a tendência dos salários a crescer na frente da produtividade e, consequentemente, re-alimentando a perda de competitividade da indústria brasileira.

Referências.

Oreiro, J.L; Basilio, F. (2012). “Derivativos de Câmbio, Fragilidade Financeira e Política Monetária no Brasil antes da Crise Financeira Mundial” In: Oreiro, J.L; Paula, L.F; Basilio, F (orgs). Macroeconomia do Desenvolvimento: ensaios sobre restrição externa, financiamento e política macroeconômica. Editora Universitária UFPE: Recife.

Santana, R (2013). O depósito a prazo com garantia especial e o risco moral dos bancos brasileiros: uma análise empírica com dados em painel. Tese de Doutorado: Departamento de Economia da Universidade de Brasília.

Os efeitos da política fiscal após a recessão global: o que devemos saber?

Luiz Fernando de Paula* e Manoel Carlos de Castro Pires**

O interesse dos economistas sobre o impacto da política fiscal no crescimento econômico foi renovado após a crise financeira internacional e a adoção de políticas anticíclicas em vários países. Inicialmente, a discussão sobre a eficácia dos estímulos fiscais resultou em um grande debate que acabou por levar a uma enorme polarização de posições a favor ou contra tais políticas. Com o tempo um renovado conjunto de evidências apontou para impactos relevantes da política fiscal como instrumento de política econômica contra-cíclica para fazer face aos efeitos da crise financeira de 2007-2008.

Em um segundo momento alguns países iniciaram um processo de consolidação fiscal. Naquele momento havia um misto de posições: alguns defendiam a idéia de que a retirada de estímulos era prematura e que a economia desaceleraria; outros defendiam que a retirada era necessária para não ensejar uma trajetória de insustentabilidade da dívida pública, o que afetaria a confiança dos mercados na economia reduzindo assim o crescimento econômico (IMF, 2010). Essa última linha de raciocínio estaria sendo respaldada pela evidência a favor das contrações fiscais expansionistas.

A breve recuperação econômica mundial iniciada em 2010 deu vida curta a esse debate, na medida em que a maioria dos países desenvolvidos iniciou um processo de consolidação fiscal. De acordo com as novas evidências, não por coincidência, a atividade econômica voltou a desacelerar, levantando a questão se tal processo não foi prematuro. Esse pequeno artigo realiza uma breve resenha comentada sobre trabalhos empíricos mais recentes relativos aos efeitos das contrações fiscais sobre o crescimento econômico e que tem ajudado a embasar a prescrição de que a política fiscal deveria ser expansionista nos próximos anos para conter a semi-estagnação econômica nos países desenvolvidos.

A ideia de que as contrações fiscais podem ser expansionistas obteve respaldo empírico a partir de uma série de estudos que justificavam seus efeitos expansionistas a partir da idéia de que uma contração fiscal seria capaz de aumentar a confiança do setor privado e estimular novas decisões de consumo e investimento por meio de um efeito de “crowding in” sobre a iniciativa privada. Do ponto de vista teórico, tal argumento se apoia no teorema de equivalência ricardiana segundo o qual, com agentes racionais, o gasto público somente deslocaria o gasto privado deixando inalterado o nível de demanda agregada; alternativamente, a redução no gasto público teria como efeito estimular os gastos privados, uma vez que agentes racionais aumentariam sua confiança face à percepção do compromisso de consolidação fiscal por parte do governo.

Essa linha de pesquisa foi liderada por Alesina que, com uma série de colaboradores, usou o conceito de “cyclically adjusted primary budget balance” para  identificar em vários países os momentos de grande consolidação fiscal e correlacionam esses eventos com a dinâmica do PIB no momento seguinte ao do ajuste fiscal. Com base nesse conjunto de dados, os autores encontraram evidências de que os países que praticaram consolidações fiscais expressivas obtiveram melhor desempenho econômico. Uma das mais recentes contribuições desse tipo de literatura é Alesina e Ardagna (2010).

O impacto que essa literatura teve na política econômica foi notável. Sawyer (2012), por exemplo, reporta que o novo governo britânico de coalização (conservador com liberais) a partir de 2010 colocou a redução do déficit público como objetivo central da sua política econômica, entendida como fundamental para assegurar a recuperação econômica do país.

Na realidade, o respaldo empírico que essa literatura deu foi bastante frágil. Em primeiro lugar, essa literatura nunca foi além de identificar padrões de correlação ao invés de causalidade. É claramente factível que o crescimento econômico tenha sido responsável pela melhoria dos resultados fiscais. Esse ponto é adequadamente demonstrado por Jayadev e Konczal (2011). Quando esse tipo de controle é feito, os resultados não respaldam a conclusão da contração fiscal expansionista.

Em segundo lugar, está o problema de omissão de variável relevante. Tanto o resultado fiscal quanto o comportamento do PIB podem ter sido influenciados por uma terceira variável omitida. Em matéria de política fiscal, esses exemplos são abundantes, como a elevação do preço das commodities, a evolução mais favorável da taxa de câmbio em países exportadores, o relaxamento da política monetária, maior crescimento na construção civil e no preço dos imóveis, etc. Quando esses efeitos são considerados, os resultados se alteram: Guajardo et al (2011), ao investigarem os efeitos de curto prazo da consolidação fiscal sobre a atividade econômica nos países da OECD, concluem que as contrações fiscais produzem efeitos contracionistas. Romer (2011) aponta que no trabalho empírico de Alesina e Andragna existem várias variáveis omitidas.

Um terceiro tipo de crítica é a definição ou identificação de episódios de grande contração fiscal. Com efeito, ao contrário de se observar o tamanho puro e simples do respectivo indicador corrente de política fiscal, o mais adequado é observar se essas variações ajustadas pelo ciclo econômico são de fato exógenas. Quando esse tipo de ajuste é feito, também se conclui a favor dos efeitos contracionistas da consolidação fiscal.

A partir desses novos resultados, a literatura tem dado maior atenção aos potenciais efeitos expansionistas da política fiscal buscando entender em quais situações esse efeito pode ser maximizado, buscando novas metodologias para esse propósito. De fato, existem várias metodologias atualmente que procuram estimar o impacto da política fiscal sobre a atividade econômica. Uma tentativa que tem resultado em multiplicadores elevados é a que busca identificar a partir de registros históricos o momento e a magnitude exata de uma expansão fiscal. Gordon e Krenn (2010) identificam o impacto da política fiscal no crescimento revisitando a política fiscal americana durante o período de maior ociosidade da economia na Segunda Guerra Mundial, isto é, entre 1939-1941. Suas estimativas concluem por um multiplicador fiscal de 1,8.

Seguindo uma linha semelhante, Ramey (2011) mostra que é importante separar o componente da política fiscal que é antecipado pelos agentes do componente que não é antecipado. Essa distinção ajuda a entender as diferenças entre os resultados neoclássicos (mais próximos a resultados antecipados) e keynesianos (mais próximos de resultados não antecipados). Assim, buscando identificar os efeitos dos choques de gastos governamentais, realiza sua análise para um período mais longo da economia americana entre 1939 e 2008 e conclui, por meio de um modelo SVAR, que os multiplicadores situam-se entre 0,6 e 1.

Uma abordagem alternativa é a que se utiliza de modelos não lineares para identificar o impacto da política fiscal. Esses estudos adotam a idéia de que o multiplicador fiscal é “state dependent”, ou seja, de que seu impacto pode variar conforme o estágio do ciclo econômico ou mesmo conforme a regra de política monetária – se a mesma compensa ou chancela a política fiscal. Auerbach e Gorodnichenko (2011) analisam essa questão para a economia norte-americana no período 1947 e 2009 por meio de um modelo que relaciona o tamanho do multiplicador conforme o ciclo econômico e concluem que o multiplicador fiscal pode variar entre -0,3 e 3,6, sendo maior em períodos de recessão econômica.

A segunda metodologia é aquela que procura avaliar os efeitos de estímulos fiscais a partir de microdados. Nesse caso, busca-se o efeito sobre as decisões de consumo das famílias a partir de programas de transferências de renda. Os resultados desses estudos são bastante convincentes. A decisão de consumo é positivamente influenciada por meio de programas de transferências de renda. O problema desses estudos é que eles não respondem às questões macroeconômicas. Por exemplo, é possível que para criar o programa de estímulo para determinado conjunto de consumidores, o governo tenha elevado os impostos de outros consumidores. Portanto, ainda que esta metodologia possa ser um caminho promissor para aferir os referidos efeitos fiscais, é necessário entender o que esse tipo de resultado pode trazer de contribuição para a discussão macroeconômica.

Em conclusão,  existe uma farta e crescente literatura que mostra que expansão fiscal ajuda a economia crescer no curto prazo, e que contrações fiscais tendem a reduzir o produto e emprego no curto prazo. Ainda que as evidências sejam de modo geral amplamente favoráveis à adoção de políticas fiscais expansionistas para combater recessões e períodos de baixo crescimento econômico, o debate sobre a rápida aceleração da dívida de vários países no período pós-crise financeira colocou a questão do espaço fiscal e a necessidade de adoção de estratégias de saída.

Em primeiro lugar, esse debate mostrou um desconhecimento sobre os limites do endividamento. Alguns países (tais como o Reino Unido a partir de 2010 e o próprio EUA a partir de 2011) que adotaram a consolidação fiscal com o argumento de que era necessário controlar suas dívidas não tinham graves problemas de financiamento, pois conseguiam refinanciar suas dívidas com taxas de juros muito próximas de zero. Para esses países, a contração fiscal foi de fato prematura, uma vez que tais economias estavam com uma recuperação econômica fraca, e não há razões para acreditar na eficácia de um “crowding in” sobre gastos privados. Além disso, cabe considerar quando a dívida é emitida na própria moeda, os limites da gestão da dívida pública são muito mais amplos, pois no limite o governo pode emitir moeda de modo a servir a sua dívida, o que pode ser feito pela compra de títulos públicos por parte do banco central.

Outro conjunto de países obteve de fato limitada margem para adoção de políticas expansionistas com sérios problemas para rolar suas dívidas. Os países mais afetados pela zona do Euro – como Grécia, Espanha e Portugal – estão em um círculo vicioso, onde austeridade fiscal resulta em maior desemprego que por sua vez gera maiores déficits públicos e maior austeridade, e apresentam poucas alternativas domésticas para estimular o crescimento. Contudo, tais países tinham uma clara limitação de não poder emitir dívida pública em sua própria moeda e, pelo menos até recentemente, o Banco Central Europeu tinha limitações para atuar como emprestador de última instância, dada a sua proibição de monetizar dívidas governamentais e de adquirir diretamente títulos de dívidas soberanas.  Os resultados observados por esses países constituem uma evidência favorável a um arcabouço mais flexível e coordenado de política econômica algo que a atual arquitetura do Euro não pode oferecer.

Referências:

Alesina, A.&Ardagna, S.(2010).“Large changes in fiscal policy: taxes versus spending”. In Brown, J.R.(ed.). Tax Policy and the Economy, vol. 24. Chicago: The University of Chicago Press.

Auerbach, A. & Gorodnichenko, Y. (2011). “Measuring the output responses to fiscal policy.” NBER Working Paper 16.311.

IMF (2010). “Will it hurt? Macroeconomic effects of fiscal consolidation”. In: World Economic Outlook (WEO): Recovery, Risk and Rebalancing. Washington: IMF.

Guajardo, J., Leigh, D. & Pescaroti, A. (2011). “Expansionary austerity: New international evidence”. IMF Working Paper 11.158.

Jayadev, A. & Konczal, M. (2010). “The boom not the slump: The right time for austerity”. New York: Roosevelt Institute.

Ramey, V. (2011). “Identifying government spending shocks: It´s all in the timing”. Quarterly Journal of Economics, 126(1): 1-50.

Romer, C. (2011). “What do we know about the effects of fiscal policy? Separating evidence from ideology”. Speech at Hamilton College.

Sawyer, M. (2012). “The tragedy of UK fiscal policy in the aftermath of the financial crisis”. The Cambridge Journal of Economics, 3(1): 205-221.

A metamorfose da crise e a regulação dos derivativos cambiais

 

Daniela Magalhães Prates e Maryse Farhi

Profas. do IE-Unicamp e Associadas da AKB

A falência do banco Lehman Brothers em 15 de setembro de 2008 transformou a crise (até então) subprime numa crise financeira global.  Decorridos cinco anos desse “dia D”, essa crise ainda não foi superada na perspectiva aqui defendida. Na realidade, nesse quinquênio, ela passou por uma metamorfose, que englobou diferentes fases. A primeira e mais aguda estendeu-se desta falência ao final de 2008 e se caracterizou pela virtual paralisia do sistema financeiro internacional, que contagiou praticamente todos os países avançados e emergentes. No caso desses últimos, um dos principais canais de transmissão foi a retração dos fluxos de capitais e as abruptas depreciações cambiais. Todavia, essa fase foi efêmera. Já no segundo trimestre de 2009, emergiu a segunda fase da crise caracterizada pela recuperação dos preços dos ativos e expectativas de retomada econômica, em função das políticas fiscais e monetárias anticíclicas adotadas na fase precedente. Nesse contexto, os fluxos de capitais começaram a fluir novamente para as economias emergentes em busca de ganhos especulativos num contexto de taxas de juros historicamente baixas, expansão da liquidez nos países centrais e redução da aversão aos riscos em âmbito global.

Assim, a própria metamorfose da crise deu origem, num curto período de tempo, ao quarto boom de fluxos de capitais e de apetite por riscos desde o colapso do regime de Bretton Woods. Como nos ciclos precedentes, os principais determinantes do retorno dos capitais estrangeiros para as economias emergentes foram os chamados push factors (fatores externos), sobretudo as condições monetárias frouxas nos países centrais e, em especial, no país emissor da divisa-chave, os Estados Unidos. Ademais, a dimensão inédita das ações anticíclicas (monetária e fiscal) conseguiu evitar a depressão, contribuindo para a rápida redução da aversão global ao risco, outro condicionante fundamental da dinâmica desses capitais. Nesse contexto, as operações de currency carry trade e arbitragem de juros ressurgiram com toda força. Esse boom se sustentou (embora permeado por períodos de desaceleração) na terceira fase da crise, que teve início no primeiro trimestre de 2010, com a eclosão da crise da área do Euro e a desaceleração econômica nos países avançados (que resultou em expectativas crescente de um double dip). No segundo trimestre de 2013 parece ter emergido uma quarta fase, marcada pela saída da recessão da área do Euro e pela alta das taxas de juros dos títulos de longo prazo do tesouro americano em resposta à sinalização do presidente do Fed, Ben Bernanke, de que dará início à desaceleração da política de afrouxamento quantitativo ainda esse ano.

A perspectiva de normalização da política monetária americana resultou num movimento de liquidação de posições em ativos dos países emergentes, implicando fortes depreciações de suas moedas (alta das taxas de câmbio), em alguns casos superiores às registradas na primeira fase. Isto porque, como o sistema monetário e financeiro internacional é hierárquico e assimétrico, essas moedas (que não são aceitas internacionalmente seja como meio de troca, unidade de conta ou reserva de valor) são as primeiras a serem vendidas pelos investidores globais nos momentos de aumento da aversão ao risco.

A moeda brasileira, o Real, ocupou a primeira posição no ranking de depreciação até o final de agosto.  Essa liderança decorre, principalmente, de uma especificidade do mercado de câmbio brasileiro, qual seja, o papel fundamental do seu segmento de derivativos na dinâmica da taxa de câmbio nominal devido à sua maior liquidez e profundidade que o mercado à vista – características que estão associadas à natureza non-deliverable dos derivativos cambiais no Brasil e ao elevado grau de abertura financeira do país, que permite o livre acesso dos investidores estrangeiros a esse segmento desde janeiro de 2001. Essa especificidade potencializa a possibilidade de especulação contra o Real devido ao alto grau de alavancagem desses instrumentos. Investidores estrangeiros passaram de uma posição vendida líquida em dólar na BM&FBovespa de 63 mil contratos em 24 de maio para uma posição comprada de 232 mil contratos em 27 de julho, que equivalem a um valor nocional de US$ 11,6 bilhões (um pouco inferior ao recorde de apostas em prol da apreciação do real na fase 3 da crise, de US$ 12,7 bilhões em abril de 2011). Também vale mencionar que esse valor é quase três vezes superior ao déficit do movimento de câmbio no acumulado de junho e julho (US$ 4 bilhões).

Essa especificidade também ampliou os dilemas de política macroeconômica enfrentados pelo governo brasileiro ao longo das diversas fases da crise. Nas fases 2 e 3, para conseguir deter a trajetória de apreciação cambial (e a consequente perda de competitividade da indústria brasileira), além de recorrer a controles de capitais e instrumentos de regulação financeira prudencial (o recolhimento compulsório sobre posições vendidas no mercado de câmbio à vista) que afetam o ingresso de recursos externos, as autoridades econômicas tiveram que adotar um terceiro instrumento de regulação financeira, visando os derivativos cambiais (o IOF de 1% sobre as posições vendidas superiores a US$ 10 mil no mercado de derivativos cambiais, que vigorou entre o final de julho de 2011 e o início de junho de 2013). Esse instrumento foi necessário para desestimular o principal determinante da apreciação cambial naquelas fases, as operações de derivative carry trade, que consistem em posições vendidas em dólar (a moeda com taxa de juros mais baixa) e comprada em real (a moeda com taxa de juros mais alta) no mercado de derivativos carregadas por investidores estrangeiros, investidores institucionais nacionais e bancos residentes (os três principais grupos de agentes que atuam nesse mercado). Assim, nesse caso, controles de capitais (que, como o próprio nome diz, incidem sobre fluxos de capitais estrangeiros que cursam pelo mercado de câmbio à vista e são registrados na conta financeira) não são eficazes. Ou seja, diante do elevadíssimo patamar da taxa de juros básica brasileira até aquele momento, o Brasil foi destino privilegiado não somente do boom de fluxos de capitais, mas também (e principalmente) do movimento de “search for yield” mediante o derivative carry trade.

A regulação dos derivativos cambiais foi eficaz, mas, em contrapartida foi vítima da mesma miopia que contamina os investidores nas fases de euforia, ou seja, a crença de que os movimentos de valorização (dos ativos e moedas) nunca se reverterão. Com isso, o CMN determinou que o IOF (que poderia chegar a 25%) penalizaria somente a especulação excessiva a favor da apreciação do real, deixando isentas as apostas excessivas na depreciação do real (posições compradas em dólar na BM&FBovespa). Se essa regulação tivesse sido simétrica, punindo os excessos dos dois lados, a depreciação do real na fase 4 da crise não teria sido tão expressiva. O IOF “market unfriendly” sobre as posições vendidas não chegou a provocar reações extremas naquele momento de euforia. Já no contexto atual, uma taxação sobre posições compradas provavelmente exacerbaria as expectativas negativas num contexto de deterioração da credibilidade da política econômica. Assim, o governo optou pela intervenção cambial mediante operações de swaps cambiais. Ironicamente, a especificidade do mercado de câmbio brasileiro (com destaque para a natureza non-deliverable dos derivativos cambiais) aumenta o raio de manobra da política cambial, que não precisou, até o momento, recorrer à venda efetiva de reservas cambiais para conter o movimento de depreciação. Todavia, vale lembrar que os swaps, embora “friendly”, oneram as contas públicas, enquanto o “unfriendly” IOF sobre as posições compradas excessivas teria um efeito positivo sobre a situação fiscal – atendendo a principal demanda atual do “mercado”.

A regulação dos fluxos de capitais (e, no caso do Brasil, dos derivativos cambiais), são instrumentos que ampliam o grau de liberdade das políticas cambial e monetária nas economias emergentes nas duas fases do ciclo (de apetite por e aversão aos riscos). Contudo, o timing da adoção de medidas regulatórias também é relevante.

Do surto financeiro à crise econômica

Fábio Henrique Bittes Terra[1]

Surto. s.m.

Ambição, elevação; voo.

Manifestação súbita de alguma coisa.

Crise psicótica.

Há oitenta anos, Keynes escrevia “especuladores podem não causar danos como bolhas em um cenário estável de empreendimentos. Mas, a situação é séria quando o empreendimento se torna a bolha em um turbilhão de especulação. Quando o desenvolvimento do capital de um país torna-se o subproduto das atividades de um cassino, é provável que o trabalho seja mal feito” (1964, p. 159). Talvez fosse melhor, em termos estéticos ou palatáveis, ter deixado a citação nos moldes convencionais de uma epígrafe, mas, já outra no lugar. Ademais, tal não daria a ênfase necessária às palavras de Keynes que são mais válidas agora do que nos anos 1930, haja vista o surto de inovações financeiras atual.

O sistema financeiro, como sua própria qualificação aduz, é uma estrutura sustentada na fiança coletiva, isto é, na confiança. Sua lógica é a criação de recursos monetários do nada que permitam a ampliação da riqueza ao longo do tempo. No futuro, aquilo que era antes recurso fictício torna-se produto concreto e, assim, dá-se prosseguimento à expansão da riqueza do sistema capitalista. Porém, ao passo em que viabiliza a expansão da riqueza, quando a psicologia do mercado financeiro surta e descola-se da realidade, os impactos sobre o lado real da economia são notáveis. Há cinco anos, nos EUA, eclodiam-se os sentidos financeiro e psicológico possíveis do substantivo surto.

Antes da manifestação súbita de alguma coisa, os EUA acumulavam bons indicadores econômicos: em média, entre janeiro de 2001 e agosto de 2008, a produção industrial cresceu 1,3% ao mês e a taxa de desemprego situou-se em 5,2% mensais. Por sua vez, a expansão anual média do produto alcançou 2,52% no período 2001-2007. Em suma, tinha-se um quadro de dinâmica econômica favorável para a manutenção dos níveis de emprego e de renda no país mais rico do mundo. No âmbito financeiro, entre janeiro de 2003 e outubro de 2007, usando como proxy o comportamento dos Índices Dow Jones e NASDAQ, assistiu-se à valorização de aproximadamente 60% dos papéis, ou seja, um surto – elevação, voo – financeiro bem superior ao crescimento da riqueza real em período semelhante. Em suma, uma bolha financeira foi surtada, acompanhada por bons números do lado real da economia, mas deles descolados.

As séries de apostas dos agentes, em inovações financeiras amplamente defectíveis, tornaram-se uma crise psicótica em setembro de 2008. A onda de inadimplência iniciada no subprime espalhou-se pelo sistema financeiro, implicando toda uma cadeia de descumprimento de contratos de dívida extremamente compartidos entre os agentes e financeiramente alavancados.

Dois resultados imediatos do surto psicológico nos mercados financeiros sobre o lado real da economia foram: (i) a escassez de liquidez para financiamentos e (ii) o surto de descrença com relação ao futuro. Assim, o surto sistematizou-se: eis a crise. Os dados americanos são bastante ilustrativos: decrescimento do PIB em 2008 e 2009, – 0,35% e – 3,20%, respectivamente; desemprego elevado a 10% em fins de 2009 enquanto que a retração da produção industrial no referido ano foi da ordem de 10,1% ao mês, em média.

Do surto financeiro, fez-se o surto psicológico e a crise econômica. Para alguns, apreciação dos papéis e ganho em juros foram o resultado. Contudo, o prejuízo público foi incomensuravelmente maior. Enfim, surtos e o débâcle são regras do sistema financeiro tal qual o entusiasmo do ébrio e o comedimento do sóbrio. Sem regulamentações prudenciais que limitem as estratégias competitivas das instituições financeiras e circunscrevam os mercados do sistema financeiro a contornos diferentes aos de um cassino, a simbiose entre os lados financeiro e real será persistentemente negativa. E, não é de hoje que se diz isso.


* Professor Titular da FCE/UERJ e Ex-Presidente da AKB. Email: luizfpaula@terra.com.br

** Economista do Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada  (IPEA). Email: manoel.pires@ipea.gov.br

[1] Professor do IEUFU e Diretor da Associação Keyenesiana Brasileira.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Professor do IE/Unicamp e membro da atual diretoria da AKB. Contato: giuliano@eco.unicamp.br

* Professor do Instituto de Economia da Universidade Federal do Rio de Janeiro, Pesquisador Nível IB do CNPq e Presidente da Associação Keynesiana Brasileira.

[2] A esse respeito ver Oreiro e Basilio (2012)

[3] A essa respeito ver Santana (2013).

Em homenagem a Mario Luiz Possas

Antonio Carlos Macedo e Silva

(Instituto de Economia – Unicamp)

 

Boa noite. Apresentações orais não vêm com epígrafe: no ar não se grafa nada. Este é, porém, um encontro heterodoxo e, amparado nessa duvidosa desculpa, começo minha apresentação com uma epígrafe. É uma frase de George Mallory, que fez Cambridge mas não estudou economia e sim história, e que não era historiador e sim montanhista. A frase é simplesmente: “Because it’s there”. “Porque está lá”. Mallory se referia ao Everest. Foi assim que respondeu, em 1923, à pergunta de um repórter, que queria saber por que razão ele insistia em tentar o impossível…

 

Fomos três os escalados para compor essa mesa, em homenagem ao professor Mario Luiz Possas.

Dos três, não sei se pelos azares da ordem alfabética ou pelos rigores da cronologia – provavelmente a do ano de nascimento – fui escolhido para abrir a sessão. De fato, tive meu primeiro curso com o Mario, na graduação, em 1979. Tornei-me colega em 1983 e orientando de doutorado em algum momento indeterminado entre o final dos anos 1980 e o início dos 90, sempre na Unicamp. A Esther e eu, aliás, estamos entre os 38 orientandos (apenas de doutorado, 68 com os de mestrado) que o Mario teve até aqui.

Fomos três os escalados… e somos poucos. Somos parecidos: três macroeconomistas keynesianos. Isso é apropriado a uma homenagem na AKB, mas fica muito aquém do necessário a um tributo compatível com a amplitude da contribuição do Mario. Porque ele não é só um macroeconomista (eu pelo menos sou só isso, e olhe lá); é também. É também, mas não só, um economista keynesiano, e com justiça ele está entre os patronos da AKB. Mas o keynesianismo do Mario é um keynesianismo que vai muito além de Keynes ou, se preferirem, leva o Keynes a lugares que ele nunca pretendeu ou imaginou visitar…

Minha situação incidental de decano, porém, pode ser útil para tentar explicar um pouco a origem dessa amplitude. E essa explicação, espero, tem um interesse para além do arqueológico; tem um interesse contemporâneo porque fala de uma proposta viva – fala do que para mim ainda é (ou devia ser) o graal do economista heterodoxo.

Mas começo mesmo pela arqueologia. Começo por dizer que, no final dos anos 70, era o caos: o caos primordial da moderna heterodoxia brasileira. Esse caos, para boa parte dos economistas heterodoxos e progressistas brasileiros, tinha um nome, e esse nome era Campinas, onde havia uma instituição e talvez houvesse uma “escola”. Se havia, era, no essencial, um esforço para pensar o desenvolvimento brasileiro. Para isso, fora o inevitável diálogo com a Cepal, com a teoria da Dependência e com a historiografia nacional, valia tudo que, em Economia, fosse heterodoxo, e não valia nada que não fosse. Naquela época, em Campinas, lia-se muito Marx, e com sofreguidão; lia-se Kalecki (e Steindl), com entusiasmo; lia-se Schumpeter, mas com parcimônia; lia-se Keynes, com interesse, mas com perplexidade e… desconfiança. Claro: Keynes queria salvar um capitalismo cuja superação, naquele tempo, parecia ao alcance da mão.

Tínhamos uma escola de pensamento? Talvez, se a “escola” fosse definida pela maneira de pensar o Brasil. Éramos uma “escola” de teoria econômica? Creio que não. Havia uma abertura e um ecletismo raros e saudáveis. Faltavam articulação e rigor. Faltava uma visão explícita e programática – ou paradigmática – sobre quais os objetos prioritários, os problemas relevantes e os métodos adequados.

Vale lembrar que, no exterior, textos fundamentais para a heterodoxia moderna ou haviam sido publicados há pouco (e como custavam a chegar ao Brasil!), ou ainda estavam por sair. Penso nos textos que fundam o pós keynesianismo na sua vertente americana (Davidson e Minsky), a visão do crescimento com restrição externa (Thirlwall), a abordagem neo- kaleckiana (Rowthorn).

Foi nesse contexto que o Mario resolveu escalar uma montanha… que não estava lá. Mais do que isso: resolveu escalar essa montanha porque ela não estava lá, mas devia. A inexistência da montanha era o primeiro obstáculo. Para escalar uma montanha tão incontornável quanto inexistente, é preciso primeiro edificá-la.

Essa montanha tomou inicialmente a forma de uma tese de doutoramento intitulada Dinâmica e Ciclo Econômico em Oligopólio, de 1983. A tese, com 1402 páginas, é em parte uma cartografia erudita e rigorosa que cobre tudo que julgávamos relevante nas áreas de macro, micro e economia marxista. Talvez por ser também um survey, o Mario escolheu, como uma de suas epígrafes, um trecho um pouco sombrio (mas consistente com uma ciência dismal) de um dos quartetos de T.S. Elliot. Essa é também a epígrafe de um dos três livros que saíram da tese (o livro “macro”, digamos, Dinâmica da Economia Capitalista: uma abordagem teórica). Esse trecho diz:

“E o que há por conquistar,

por força e submissão, foi já obtido,

uma ou duas, ou várias vezes, por homens que não temos a esperança

de emular. Mas não há concorrência.

Há só a luta para reaver o que se perdeu

E se encontrou e se perdeu de novo e outra vez mais; e agora, em condições que não parecem favoráveis. Mas, talvez, nem ganho, nem perda.

Para nós, há só a tentativa. O resto não é conosco.”

 

Para mim, a epígrafe modesta esconde a ousadia da proposta e da realização. Como em qualquer outro survey, os autores são descritos, interpretados e explicados. Mas o texto vai mais longe: tritura, macera, mistura; combina, fermenta e destila. Porque a operação inteira responde a um propósito central: extrair de cada autor o que possa ser útil à construção de uma abordagem à teoria econômica em que só uma coisa interessa: a dinâmica. Toda a dinâmica, em seus vários níveis de agregação e em suas várias formas. Toda a dinâmica, quer dizer, que não pressupõe um estado final, e está, portanto, aberta para a história.

Para além da síntese, da reconquista do que se descobriu e inventou, se perdeu e se encontrou e se perdeu de novo, a obra do Mario constrói uma perspectiva nova para  as noções que são parte da caixa de ferramentas básica do economista: micro e macro, curto e longo prazos, ciclo e tendência.

O tema da relação entre ciclo e tendência vai ser retomado pelo Oreiro. Aqui vou só insistir na proposição, apresentada na tese, de que ciclo e tendência, com instabilidade e crise, são quatro “instâncias ou formas de abordagem” da dinâmica. A ideia de que, sendo o futuro incerto, as decisões dos agentes (entre as quais, em particular, as decisões de investir) podem mudar de forma brusca e imprevista, é associada pelo Mario à noção de instabilidade – ou instabilidade potencial. Esse potencial se atualiza, de forma especialmente dramática, nas crises, quando os agentes deixam de acreditar nas suas teorias práticas (e provisórias) do futuro. Mas, como o próprio Keynes reconhece no capítulo 18 da Teoria Geral, o capitalismo não é tão instável como o capítulo 12 poderia sugerir. Mario recusa o argumento – que considera niilista e, agrego eu, self-defeating para a heterodoxia – de que a presença da incerteza radical torna vã a reflexão teórica sobre os movimentos de mais longo prazo e inútil a elaboração de modelos formais.

Num dos artigos que derivam da tese, publicado na PPE em 1984, o Mario mostra o que vê do alto da sua montanha em construção: um modelo multi-setorial que é micro e macro, que abrange a dinâmica do ciclo e a do crescimento, e cuja complexidade sugere a necessidade do recurso à simulação numérica por computador. Esse modelo e o tema da relação micro-macro serão também retomados, mas pela Esther. Só queria ressaltar que, na perspectiva do Mario, macroeconomia não é a face da lua para onde vamos quando queremos tratar de agregados. Micro e macro, e aqui cito um artigo do Mario de 1993 (Racionalidade e regularidades: rumo a uma integração micro-macrodinâmica, p. 59), são “dois momentos de um único processo dinâmico que constitui o cerne da ciência econômica: (…) os momentos, distintos lógica e temporalmente, das decisões dos agentes e de seus efeitos (involuntários) supraindividuais, qualquer que seja o nível de agregação adotado”.

Noutros termos, a macro começa muito antes do ponto onde, para Keynes, ela parecia começar. Na Teoria Geral, há uma urgência e uma ansiedade da agregação, que vêm junto com a desatenção aos microfundamentos e o desterro dos “detalhes” monetários e financeiros.  Entretanto, os microfundamentos estão – em certa medida – lá mesmo, dispersos, implícitos e mesmo despercebidos. O resgate desses microfundamentos permite ao Mario derivar do caráter monetário da economia capitalista o princípio da demanda efetiva, como uma proposição elementar (mas essencial) que prescinde não só de qualquer agregação como também de qualquer noção de equilíbrio. Permite a ele articular a incerteza e as convenções, do capítulo 12, a correlação entre escassez e rentabilidade, aventada no capítulo 11 e retomada no capítulo 16, com os rudimentos de uma teoria da aplicação de capital do capítulo 17.

Na perspectiva do Mario, porém, os microfundamentos keynesianos não são suficientes. Não só porque é necessário acrescentar à incerteza keynesiana a ideia de complexidade, que por sua vez aponta para o caráter limitado (e procedimental) da racionalidade dos agentes, à la Simon. Não só porque é necessário introduzir a formação de preços pela regra de mark up. O problema é a insuficiência de uma teoria que considera dado o “grau de concorrência”, como diz Keynes no capítulo 18. A alternativa proposta vai além do atalho macro que é a lei de Kaldor-Verdoorn, e busca integrar os micro-fundamentos da inovação à análise macroeconômica de corte keynesiano, proposta que o neo-schumpeterianismo heterodoxo (que, aliás, também estava nascendo, no período), levaria ainda alguns anos para encarar.

Essa visão da dinâmica tem implicações importantes para a relação entre curto e longo prazos. Implica, em primeiro lugar, o que já mencionei de passagem, a ideia de que o longo prazo, por assim dizer, existe. Implica a ideia de que os pós-keynesianos não estamos, no nosso esforço teórico, obrigados a viver num eterno agora. Naturalmente, quem vive só no aqui e no agora, digamos, como um pós-keynesiano zen, se priva de instrumentos para escolher entre cenários possíveis e, por conseguinte, restringe enormemente sua capacidade de atuar como policy maker.

A visão implica, em segundo lugar, que esse longo prazo não existe independentemente do aqui e do agora (como em certas interpretações marxistas ou sraffianas). Como queria Kalecki (1968), ele só existe como o resultado de uma “cadeia de situações de curto prazo”.

Implica, em terceiro lugar, que as decisões tomadas e os desequilíbrios ocorridos durante cada um desses elos podem suscitar efeitos persistentes, cruciais. Isso inclui as decisões tomadas com base nas expectativas de curto prazo. Esta perspectiva, então, de certa forma engloba o graal pós-keynesiano, tal como formulado por Kregel em 1976, no seu artigo clássico sobre metodologia e incerteza. Esse graal, cuja centralidade também é reconhecida por Cardim (1984/1985), é o estudo do “shifting equilibrium” (equilíbrio móvel), no qual as diferenças entre ex ante e ex post podem deslocar o ponto de demanda efetiva (entendido, na muito discutível definição de Keynes em Ex ante/ex post, como o ponto no qual as expectativas de curto prazo são confirmadas pelos mercados).

Engloba o shifting equilibrium, eu disse, porque vai além, uma vez que a firma que o Mario quer retratar como principal agente da dinâmica capitalista opera num mundo onde a inovação (que não cai do céu, mas também reflete decisões tomadas pelas empresas) é a principal arma da concorrência.

Eu disse também que engloba, de certa forma. Não sei se o Mario não preferiria dizer: “passa ao largo”. Passa ao largo, de um lado, porque, para ele, “o enfoque multissetorial é analiticamente mais adequado” (1993: 72) para tratar de questões macroeconômicas, por razões que a Esther talvez aborde. De outro, por causa do recurso – sempre suspeito, para o Mario – à noção de equilíbrio. Claro, todo pós-keynesiano sabe que o ponto de demanda efetiva não é um ponto, mas um vetor. Mas então, diria (talvez) o Mario, por que não levar isso a sério e tratá-lo efetivamente como um vetor? Quando se faz isso, por sinal, fica muito mais evidente do que num modelo de um só bem o tamanho do esforço de imaginação necessário à hipótese de que as expectativas de curto prazo são satisfeitas.

Em 1993 (p. 77), o Mario escreve que “levando o argumento de Keynes às suas últimas consequências, sua teoria é totalmente incompatível, em termos metodológicos, com qualquer hipótese de equilíbrio”. Para o Mario, “a noção de equilíbrio” é o “verdadeiro ‘obstáculo epistemológico’ à afirmação de uma teoria dinâmica de base pós-keynesiana” e define o que é, talvez, “a divergência teórico-metodológica fundamental em relação aos modelos do mainstream” (Elementos para uma integração micro-macrodinâmica na teoria do desenvolvimento econômico, 2002: 127).

Minhas últimas considerações dizem respeito a essas duas questões. Uma é a afiação da navalha (de Occam): quão parcimoniosos podem ser modelos heterodoxos, digamos, decentes? A segunda é: será que existem usos da noção de equilíbrio que sejam consistentes com a visão dinâmica do Mario?

Minhas respostas, que, a meu juízo, vão entrar em choque de forma apenas aparente com essa visão (mas o Mario está aí para, se o tempo permitir e ele tiver vontade, confirmar ou negar), são as seguintes: 1. Modelos heterodoxos decentes podem ser até muito parcimoniosos. 2. O uso da noção de equilíbrio – e mesmo a adoção da hipótese de que certos mercados estão em equilíbrio – não é incompatível com essa visão dinâmica.

No campo heterodoxo, talvez não haja modelo mais parcimonioso do que o modelo de crescimento com restrição externa de Thirlwall. Na versão básica, o modelo vem sem microfundamentos, sem governo e sem funções investimento e consumo; vem só com exportações e importações, ainda por cima amarradas à hipótese de que no longo prazo elas são iguais.

Um trabalho que orientei, do Caio Mazzi, adaptou esse modelo à metodologia stock-flow consistent. Por que fazer isso? Porque a metodologia stock-flow consistent (ou SFC) impõe uma disciplina sobre os modelos, exigindo que sejam completamente especificados. O modelo de Thirlwall não atende esse requisito. Aliás, o modelo (literário) de Keynes, no capítulo 18 da Teoria Geral, tampouco: “a” taxa de juros remunera um ativo indeterminado; não se conhecem o emissor, o valor do estoque e seus proprietários; portanto, não se sabe o valor dos pagamentos de juros nem a quem se destinam; não se sabe que setores, a cada período, têm saldo financeiro negativo e emitem novos passivos, e que setores, com saldo financeiro positivo, adquirem esses títulos.

Modelos incompletos correm o sério risco de ser inconsistentes ou serem usados de forma inconsistente.

Pois bem. Submetemos o modelo de Thirlwall à disciplina SFC… e isso não fez a menor diferença. O crescimento da economia sempre tende àquele previsto pela lei de Thirlwall.

O que isso prova? Sugere, ao menos, a robustez do insight original: as economias não podem incorrer em déficits e acumular passivos externos ilimitados; bonanças externas tendem a ser aproveitadas para a promoção do crescimento. Mas isso, é claro, não esgota a dinâmica. O modelo de Thirlwall, por construção, é inútil para discutir outros fenômenos relevantes, como, por exemplo, uma dinâmica minskyana na qual as firmas (ou o governo, ou as famílias) acumulam dívidas (que não precisam ser externas) até que sobrevém uma crise financeira. Ou, num outro exemplo, uma trajetória em que uma crise da dívida externa gera uma década perdida e afeta gastos privados e governamentais tendo, entre outras consequências, uma mudança perversa das elasticidades das exportações e das importações. “Hourses for courses”, diz Harcourt, acerca da escolha do modelo. Como os cavalos, modelos podem ser bons para algumas empreitadas e muito ruins para outras; também podem não servir para nada, como muitos modelos neoclássicos.

Modelos SFC, na maior parte dos casos, não são multissetoriais e supõem que as expectativas de curto prazo são satisfeitas. Isso os limita, mas não necessariamente os inutiliza. Supor equilíbrio de curto prazo não equivale, é óbvio, à ideia novo-clássica de que os mercados sempre clear, sendo o equilíbrio uma mera expressão da racionalidade dos agentes; não implica necessariamente a proposição de que os desequilíbrios são irrelevantes, porque desimportantes em si mesmos ou porque num período de tempo relativamente curto as firmas (como parece acreditar Keynes; carta a Hawtrey, XIV: 27) descobrem a verdadeira posição do ponto de demanda efetiva. A despeito dessas e de outras limitações, como, por exemplo, a hipótese de produtividade constante, também frequentemente utilizada, esses modelos, a meu ver, tem sido úteis. Como para muitos outros modelos, sua “decência” ou “indecência” não deriva apenas da sua natureza, mas também do seu uso.  Nenhum praticante interpretaria o steady state de um modelo SFC – no caso em que ele exista e a economia convirja para ele – como uma situação ótima ou como uma expressão da natureza mais profunda dessa economia e à qual ela necessariamente tende no mundo real. Por outro lado, explosões são intrinsecamente interessantes (como bem mostra Hollywood). Modelos que supõem alguns equilíbrios são compatíveis com processos explosivos – portanto, com a visão de que, no capitalismo, desequilíbrios suscitam processos que explodem em crises ou que são revertidos a tempo, por exemplo, pela ação de instituições como o governo.

De fato, em modelos estruturalmente complexos – como os modelos de que os heterodoxos gostamos – sempre há certa diversidade de agentes e setores institucionais. Há, por exemplo, trabalhadores, rentistas, firmas e governo. É razoável e realista supor que todos esses setores tomam decisões baseados em expectativas: com relação à manutenção do emprego, à evolução dos salários, dos preços das mercadorias e dos ativos financeiros, à arrecadação tributária, etc. Se levássemos às últimas consequências a exigência de evitar a hipótese simplificadora de equilíbrio, seríamos obrigados a explicitar o modo como cada um desses agentes forma suas expectativas e como reage quando são frustradas. Mas nossa racionalidade é, justamente, limitada, e lida com dificuldade com modelos muito grandes.

A racionalidade é limitada e a “brava armada de hereges” é pequena. Não é possível exigir de cada um desses cavaleiros que persiga o graal. A alta montanha é um lugar para poucos. Há outras demandas, mais pedestres… e às vezes mais urgentes, por exemplo, do ponto de vista da política econômica.

Mas, o graal… bem, a meu ver, o graal é mesmo aquele que o Mario vislumbrou e descreveu, mesmo antes da sua tese, ainda nos anos 70, quando dizia a seus alunos de microeconomia que o que importa é a dinâmica e não o equilíbrio.

O poema do Elliot do qual o Mario extraiu sua epígrafe (um longo poema) abre com o seguinte verso: “In my beginning is my end”. “No meu início está meu fim”. Sem o menor respeito pela exegese, eu livremente me aproprio do verso, e defino “meu fim” como minha meta, meu anelo… minha meca e meu graal, e assim descrevo a trajetória do Mario.

No meu início está meu fim.

É por essa coerência. Pela clarividência. Pela insistência. Pela ousadia. Pelo rigor. Pela seriedade. Pela integridade. Pela proposta e pela criação. Pelo design e pela construção da montanha. Pela escalada e pela perspectiva do alto. É por esse conjunto de coisas que eu rendo minha homenagem ao meu professor, orientador e amigo Mario Luiz Possas.

Muito obrigado.

Entrevista com Mário Possas

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a) Por que você resolveu estudar economia?

Vim da Engenharia: me formei em Comunicações em 1970 (IME) e já me interessava por Economia antes disso. Depois de 3 anos de trabalho entrei para a primeira turma de Mestrado em Economia da UNICAMP para viver de bolsa. Como dizia na época, “não me interessa abrir a caixa-preta, e sim saber onde ela está ligada”.

b) Em que momento você teve contato com as ideias de Keynes? Qual foi sua reação a elas?

Durante o Mestrado. Também tive contato em simultâneo com Kalecki, a quem preferia por ser mais direto e menos confuso (ele também tinha currículo de engenharia, não sei se chegou a se graduar). Aprendi no Doutorado a entender e valorizar mais Keynes, não só sendo aluno da Conceição e do Belluzzo, mas lendo Minsky (principalmente o JMK de 1975).

c) Que pessoas você considera seus mentores no estudo de economia?

Mencionei dois na pergunta anterior. Acrescentaria Antonio B. de Castro, apesar de (ao menos na época) anti-Keynesiano e ainda mais radicalmente anti-Kaleckiano.

d) Você se considera um economista Keynesiano ou Pós Keynesiano?

Rótulos nunca me interessaram, porque acho que tendem a ser enganosos. Nesse caso, me sinto mais próximo dos pós-keynesianos, porque são mais autênticos em relação ao legado de Keynes e são claramente não-neoclássicos, o que Keynes nunca conseguiu (ou sequer tentou).

e) Como sua opção teórica se relaciona com sua visão política do mundo? Por que? Você se considera um social-democrata?

Acho que as duas coisas se relacionam no meu caso, embora tentar generalizar esse tipo de correlação seja muito perigoso. A definição social-democrata corresponde bem à minha posição política: reformista na economia e na sociedade, mas não anti-mercado ou anti-capitalista.

f) Qual a sua maior contribuição para o desenvolvimento do pensamento keynesiano ou heterodoxo?

Isso seria muito pretensioso: não é pergunta que se faça, porque não pode ser respondida. Mas chamando de tentativa, diria que é fundir de forma não-eclética, portanto minimamente consistente, três gigantes da economia não-ortodoxa do século XX: Keynes, Kalecki e Schumpeter, especificamente com foco na dinâmica da economia capitalista.

g) No seu livro “A Dinâmica da Economia Capitalista” você afirma que o “princípio da demanda efetiva” é “um princípio básico, universal, a ser respeitado por qualquer teoria a respeito do capitalismo, mas que em si mesmo não constitui uma teoria” (p.50). Essa afirmação contrasta com as formulações convencionais do PDE nas quais o mesmo é visto como a teoria segundo a qual o nível de renda e de emprego se constitui na variável de ajuste entre poupança e investimento. Na abordagem tradicional, a validade do princípio da demanda efetiva seria condicional a existência de capacidade ociosa e/ou desemprego involuntário da força de trabalho. Aparentemente a sua formulação do PDE prescindiria dessas hipóteses por se basear tão somente no caráter bilateral de toda transação mercantil. Mas, nesse caso, a sua formulação não seria uma mera tautologia contábil? Quais as vantagens da sua formulação  sobre a formulação tradicional do PDE?

Uma resposta adequada seria extensa demais, portanto vão só alguns tópicos telegráficos, pela ordem da pergunta: (i) não há ajuste nenhum entre poupança e investimento (nem em Keynes! não é minha invenção), e sim uma relação de determinação unilateral do segundo para a primeira, porque a poupança é um resíduo da renda em relação ao consumo – ninguém decide poupar! (ii) a validade do PDE não depende de capacidade ociosa (a qual, aliás, quase sempre existe em algum grau, mas isso não vem ao caso), podendo valer perfeitamente em termos nominais, mesmo se gerando inflação; (iii) “minha hipótese” (é uma interpretação de Keynes e Kalecki, ao mesmo tempo) não se baseia no caráter bilateral de qualquer transação, que é uma trivialidade – e se fosse só isso seria mesmo uma tautologia!-, e sim no caráter unilateral da determinação causal que, pelo PDE, se estabelece entre o gasto monetário (única decisão autônoma de um agente na troca) e a receita (que não é uma decisão autônoma – ninguém decide receber, apenas gastar, porque só o detentor de moeda pode escolher livremente como dispor do poder de compra, e por isso só ele é autônomo numa transação em uma economia mercantil-monetária!); (iv) a “vantagem” da minha formulação, se me permite a aparente pretensão, é que ela é mais geral e tem o conteúdo essencial mais nítido por ser menos exposta a particularidades e idiossincrasias. É como se apresentasse as estritas condições necessárias e suficientes para a validade do PDE, sem grandes rodeios e particularidades. Note-se que só requer uma economia mercantil-monetária, sequer especificamente capitalista.

h) Outro ponto que você aborda no seu livro é que a maneira pela qual Kalecki trata as expectativas na sua função investimento, ao invés de ser antagônica a análise de Keynes, é compatível com o conceito de comportamento convencional apresentado no capítulo 12 da Teoria Geral, segundo o qual “o presente é um bom guia para o futuro”. Contudo, nesse capítulo Keynes aparentemente restringe a validade do comportamento convencional aos mercados financeiros, enquanto você estende o mesmo para as decisões de investimento em capital fixo tomadas por empresas do setor produtivo da economia. Qual a base teórica para essa extensão?  Por que é tão importante para a dinâmica das economias capitalistas que o estado de expectativas de longo-período seja, ao menos em parte, endogeneizado? Essa não é uma fonte importante de divergência com respeito aos pós-keynesianos como Paul Davidson e Jan Kregel?

No seu livro mais importante, Teoria da Dinâmica Econômica (1954), Kalecki teve o objetivo de analisar a trajetória dinâmica de uma economia capitalista sob a premissa de estrutura estável, com a qual busca explicar os ciclos endogenamente e a tendência de crescimento a longo prazo de forma analiticamente exógena, associada justamente à mudança estrutural. Quase não diz nada sobre expectativas relativas ao investimento, mas o importante é que implicitamente estas são adaptativas, e portanto compatíveis com a ideia keynesiana de comportamento convencional e, mais especificamente, sua “teoria prática do futuro”. Essa compatibilidade a meu ver é objetiva, não dependendo em nada da intenção explícita dos autores envolvidos. Essa endogeneização é importante para explicar teoricamente a ocorrência de flutuações à luz do PDE apenas, sem recorrer (como em Schumpeter) às mudanças estruturais, por essenciais que estas sejam para explicar o crescimento a longo prazo e eventuais “ondas longas” na economia capitalista. Não vejo nenhuma divergência relevante, real ou potencial, com autores pós-keynesianos de referência, só pelo fato de não gostarem de Kalecki, ou não o interpretarem dessa forma, ou simplesmente não terem tratado desse assunto.

i) Um problema fundamental dos modelos neo-keynesianos de crescimento e ciclo com base na interação entre multiplicador e acelerador é que os mesmos são incapazes de apresentar uma explicação teórica unificada para os ciclos e a tendência de longo-prazo. Dessa forma, se os parâmetros desses modelos forem calibrados para produzir flutuações cíclicas – como em Kalecki (1954) – então a tendência tem que ser “exogenamente” determinada, ou seja, tem que ser explicada por outras variáveis que não a dinâmica da demanda efetiva. Kalecki tentou explicar a tendência com os “fatores de desenvolvimento” (ao meu ver, sem sucesso)  mas você preferiu utilizar as ideias de Schumpeter para explicar a tendência de longo-prazo. Conte um pouco como a síntese Kalecki-Schumpeter pode ser usada para tratar do problema da integração entre ciclo e tendência.

Kalecki de fato pode ser agregado a essa tradição de teorias do ciclo (ou crescimento, dependendo dos parâmetros) baseadas na interação do multiplicador com uma função investimento do tipo acelerador ou mais sofisticada (como em Kalecki). Discordo de que a tentativa de integração entre ciclo e tendência proposta por Kalecki no livro de 1954 seja um fracasso, muito pelo contrário. A ideia de que seria preciso uma “explicação teórica unificada”. como discuti em meu livro citado, é uma quimera sem qualquer significado teórico ou epistemológico, apesar de compartilhada por numerosos economistas desde os anos 1940. Como sugeri acima (e aprofundei no meu livro citado), os processos dinâmicos que geram flutuações e tendência são teoricamente completamente distintos, respectivamente a dinâmica de uma estrutura estável (centrada no PDE, por interação multiplicador do com uma função investimento de tipo acelerador) e a dinâmica da mudança estrutural (os tais “fatores de desenvolvimento”, na verdade explicados com mais profundidade por Schumpeter). Assim, a tal “integração teórica” é simplesmente desnecessária, porque essas duas dinâmicas são distintas. Certamente não são somáveis, como supôs Kalecki para simplificar seu modelo (assumindo implicitamente uma equação a diferenças linear com termo constante), mas é claro que são – como devem ser – integráveis analítica e modelisticamente, senão por solução analítica, que se torna horrivelmente complicada, mas por simulação computacional, como eu prefiro. Por tabela, Kalecki e Schumpeter poder se tornar essencialmente complementares, e não antagônicos, talvez para desgosto de ambos. Mas devemos lembrar que os trabalhos científicos, por maiores e mais respeitáveis que sejam seus autores, são fatalmente matéria-prima reciclável e remoldável pela indústria de transformação do trabalho científico posterior.

j) Para aqueles que conhecem os seus escritos do final dos anos 1980 – os quais derivaram, em larga medida, de sua Tese de Doutorado, a sua linha de pesquisa mais recente com modelos evolucionários de simulação parece ser o coroamento do processo de síntese das ideias de Keynes, Kalecki e Schumpeter que você fez na sua Tese de Doutorado. Essa interpretação é correta? Como você avalia a importância dos seus modelos de simulação para o desenvolvimento do pensamento heterodoxo como uma alternativa viável ao mainstream acadêmico?

Correto. A economia capitalista pode e deve ser caracterizada como um sistema complexo evolutivo; logo a ciência econômica precisa adotar como método, por congruência com seu objeto, uma análise de sistemas complexos com enfoque evolucionário, o que implica o abandono de premissas de equilíbrio e o foco sobre trajetórias sem tendências a priori, derivadas de interações complexas sob incerteza, que geram processos não-ergódicos e não-estacionários, como quer corretamente Davidson e os pós-keynesianos. O método de simulação é o caminho principal, embora não exclusivo, nessa direção, dado que a busca de soluções analíticas nesse contexto se torna na maioria dos casos importantes inviável. Mas, do ponto de vista das relações de determinação causal e das grandes opções teóricas e analíticas, as referências e autores certamente não precisam se limitar a esse tipo de modelagem. Além de Marx, com a matriz teórica mais geral, seguido de Keynes, com sua teoria geral das aplicações de capital e das decisões capitalistas, Schumpeter e Kalecki contribuem complementarmente para essa análise, mediante uma integração n]ao eclética, malgrado as seitas e igrejinhas. Sua contribuições são grandes demais para nos darmos ao luxo de largá-los pelo caminho, só porque sua compatibilidade recíproca não é óbvia e nem mesmo fácil. O sectarismo é a maldição dos que lutam contra a corrente, em qualquer atividade humana que envolva o intelecto, e que inexoravelmente também não escapa de envolver a paixão e os interesses.

k)  Como você avalia a Associação Keynesiana Brasileira?

Uma iniciativa altamente meritória, muito importante para nuclear um esforço heterodoxo na Economia e na política econômica. É uma honra fazer parte do conselho de patronos. Meus melhores votos de sucesso crescente, nessa fase de crise e descrença generalizada na capacidade de fazer e usar Economia de forma comprometida com o realismo e a objetividade, sem ceder à mistificação e à doutrinação que continuam a ser feitas em nome da pseudociência simplória do mainstream.

European perplexity, por Bresser-Pereira.

Folha de S.Paulo, March 25, 2013.

“In order to solve the economic crisis it is necessary to restore the equilibrium of unit labor costs, that is, to reduce wages.”
The financial crisis of the Eurozone was relatively overcome, but the economic crisis remains profound. The sovereign financial crisis of the Euro in 2010 resulted from the 2008 global banking crisis which led the States to run into debt in order to bail out the banks. It was overcome when the president of the European Central Bank ensured that he would buy on the secondary market the countries’ sovereign debt securities.
But the economic crisis of the Eurozone continues to be unresolved. European economy as a whole is stagnant, because the implicit or internal exchange rates of the Southern countries have appreciated as compared to the rates of the Northern countries, and their enterprises ceased to be competitive.
The notion of internal exchange rate is a notion related to the value and not to the exchange rate market price. The value of exchange rate does not result from the variations in the supply and demand of foreign currency, which cause the market exchange rate to float around its value, but it is the value that the exchange rate must have in order to make competitive the enterprises existing in the country. The value of the exchange rate depends on the relationship between a country’s productivity increase and wage increase (the “unit labor cost” in economic language) as compared to other countries. In 2003, Gerhard Schröeder, Germany’s Prime minister at that time, through the Agenda 2010 initiative, promoted the flexibility of labor laws and, at the same time, concluded an agreement between enterprises and trade unions according to which wages would no longer be increased in the same proportion as productivity, in exchange for job security. Since the Southern countries did not reach the same agreement, their unit labor cost rose as compared to Germany’s, the internal exchange rate appreciated, enterprises lost competitiveness and became indebted, households also became indebted, and this translated as huge current account deficits, despite the fact that public accounts remained in equilibrium (except for Greece).
In order to solve the economic crisis it is necessary to restore the equilibrium of unit labor costs, that is, to reduce wages. The normal way to do it would be for each country to retrieve its ability to depreciate the exchange rate – a solution that spreads among the whole society the cost of the necessary adjustment and does it at once – but which requires a monetary reform that, in a planned way, would discontinue the euro.
Since the Europeans do not have the courage to do it, an alternative would be an inflation that would reduce the actual wages, while the Northern European countries would increase their wages, but Germany does not accept to lose competitiveness with regard to China and to the United States. The third alternative is the one that is being adopted: it is “austerity”, that is, wage reduction through recession and unemployment. It is a cruel solution, whose weight falls on wage-earners and small enterprises. It is the solution against which perplexed European citizens protest on the streets and in elections, but, in the end, it is the feasible solution as long as they do not lose the almost religious respect they have developed regarding their common currency.
Luiz Carlos Bresser-Pereira
Globalization and Competition
Published in French (La Découverte),
Portuguese (Campus)
and English (Cambridge University Press)

  1. www.bresserpereira.org.br

Entrevista de Luiz Carlos Bresser-Pereira a José Luís Oreiro para a Associação Keynesiana Brasileira

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Um keynesiano-estruturalista no tempo da globalização 

Véspera da homenagem que esta associação fez a Luiz Carlos Bresser-Pereira em seu IV Encontro Internacional, São Paulo, 21 de agosto de 2012.

a)      Por que você resolveu estudar economia?

Em 1955 eu estava começando o terceiro ano de Direito na USP, e, de repente, caiu-me nas mãos os textos dos intelectuais nacionalistas do ISEB sobre a industrialização Brasileira e o pacto desenvolvimentista que Getúlio Vargas estava liderando. Decidi então que não buscaria mais ser juiz de direito; eu seria um economista ou um sociólogo do desenvolvimento. A decisão pela economia aconteceu quando, em 1962, logrei que Antonio Delfim Netto me aceitasse no programa de doutorado da Faculdade de Economia e Administração da USP.

b)     Em que momento você teve contato com as ideias de Keynes? Qual foi sua reação a elas?

Eu primeiro me tornei um economista estruturalista e, em seguida, também um keynesiano.  Comecei a estudar a história do pensamento econômico em 1959, quando fiz o concurso para a FGV. E continuei a estuda-lo nos Estados Unidos em 1960, quando fiz meu MBA. Ao mesmo tempo que lia meus mestres, Arthur Lewis, Myrdall, eu lia Marx,  Keynes, Kalecki e Schumpeter. Primeiro, dei aulas de desenvolvimento econômico, a partir de 1968, e, a partir de 1970, macroeconomia, quando criei o Departamento de Economia na Escola de Administração de Empresas de São Paulo da Fundação Getúlio Vargas.

c)      Que pessoas você considera seus mentores no estudo de economia?

Meus mestres de economia brasileira foram Ignácio Rangel e Celso Furtado; meus mestres de teoria econômica geral, Marx e Keynes.

d)     Você se considera um economista Keynesiano ou Pós Keynesiano? Como você se diferencia de Keynesianos como Stiglitz e Krugman?

Eu sou um economista keynesiano-estruturalista. A teoria econômica está dividida em escolas, mas felizmente existe uma Teoria Econômica Básica onde estão os princípios da teoria do desenvolvimento capitalista e da teoria microeconômica clássicas e da macroeconomia keynesiana que estão de alguma forma presentes em um bom texto introdutório de Economia. Stiglitz e Krugman são antes neoclássicos; mas, como aprenderam essa Teoria Econômica Básica e são profundamente inteligentes e criativos, esquecem seus modelos hipotético-dedutivos quando analisam a realidade econômica, e podem ser considerados neokeynesianos. Um verdadeiro keynesiano deve pensar historicamente. Deve construir modelos históricos, não construir castelos matemáticos sem correspondência na realidade. Nos últimos 20 anos eu logrei elaborar uma crítica da teoria econômica neoclássica que me parece original e decisiva. Ao invés de simplesmente afirmar que os modelos neoclássicos não são realistas, eu expliquei por que eles não são nem podem ser realistas. Essas ideias estão no paper, “Os dois métodos e o núcleo duro da teoria econômica” que eu demorei 15 anos para escrever. Eu parto de uma classificação de ciências em metodológicas e substantivas, estas, por sua vez, dividindo-se em ciências  naturais e ciências sociais ou históricas. As primeiras usam o método hipotético-dedutivo, porque não tem objeto empírico de estudo; elas ajudam a pensar. Já as ciências substantivas devem usar o método empírico-dedutivo ou histórico-dedutivo se forem ciências sociais como é a economia. A teoria econômica neoclássica ignorou essa distinção e, com os axiomas do homo economicus, das expectativas racionais e dos rendimentos decrescentes, tornou-se uma “ciência” hipotético-dedutiva, cujo critério de verdade não é a aderência à realidade mas uma certa coerência lógica. Ora, uma ciência substantiva que não adere à realidade é uma falsa ciência; é mero exercício lógico-matemática destituído de validade. De acordo com esta minha visão, a microeconomia marshalliana livrada da teoria subjetiva do valor juntamente com a teoria dos jogos não constituem o microfundamento da Economia mas são a base de uma ciência metodológica como é também a Econometria: a Teoria da Tomada de Decisão Econômica. Temos, assim, três ciências complementares, uma substantiva, que analisa os sistemas econômicos – a Economia ou Economia Política –, que usa o método histórico, e duas metodológicas que usam o método hipotético-dedutivo: a Teoria da Tomada de Decisão Econômica e a Econometria.

e)      Como sua opção teórica se relaciona com sua visão política do mundo? Por que? Você se considera um socialdemocrata?

Eu sempre me considerei um desenvolvimentista de centro-esquerda. Quero uma sociedade mais desenvolvida e mais justa que caminhe na direção do socialismo no longo prazo Sempre fui, portanto, um socialdemocrata.  Mais do que compatíveis, a teoria estruturalista do desenvolvimento e a macroeconomia keynesiana são teorias históricas instrumentais para que alcancemos esses objetivos – para que administremos o capitalismo mais competentemente e com mais justiça que os liberais.  Atualmente estou ajudando a construir uma macroeconomia estruturalista do desenvolvimento que une a visão keynesiana e estruturalista.

f)       Qual a sua maior contribuição para o desenvolvimento do pensamento keynesiano ou heterodoxo?

Enumero três: (1) o modelo histórico de desenvolvimento, distribuição e progresso técnico com a inversão do modelo clássico de distribuição, eu está em Lucro, Acumulação e Crise (1986); (2) a teoria da inflação inercial, com Yoshiaki Nakano, que está em Inflação e Recessão  (1984); e (3) a macroeconomia estruturalista do desenvolvimento, que está em Globalização e Competição (2010).

g)      Olhando os seus escritos acadêmicos pode-se perceber uma mudança no foco de interesse entre os anos 1990 e 2000. Com efeito, na década de 1990 você parecia estar mais interessado com questões relacionadas a eficiência na governança do Estado; ao passo que na década de 2000 seu interesse passa a ser a “macroeconomia da estagnação brasileira”. O que motivou essa mudança de foco?

Minha preocupação com o a eficiência do aparelho do Estado decorreu de haver sido nomeado Ministro da Administração Federal e Reforma do Estado (1995-98). Quando, em 1999, voltei para a vida acadêmica, voltei a dedicar-me ao desenvolvimento econômico e à macroeconomia, e as juntei não na “macroeconomia da estagnação brasileira” (esse é apenas o título de um livro meu de 2007 sobre a economia brasileira), mas na macroeconomia estruturalista do desenvolvimento.

h)     No ano de 2002, você publicou um paper com o Nakano intitulado “Uma estratégia de desenvolvimento com estabilidade”. Aparentemente esse paper marca a retomada do seu interesse por questões relacionadas ao desenvolvimento econômico, com ênfase na “semi-estagnação brasileira”. A linha de raciocínio ali exposta vai culminar com seu livro “A Macroeconomia da Estagnação”, publicado em 2007. Fale sobre o desenvolvimento de suas ideias entre o paper de 2002 e o livro de 2007.

Depois que, com o uso da teoria da inflação inercial o Brasil logrou estabilizar sua alta inflação inercial eu pensei que se desenvolveria de forma extraordinária. Por isso, fiquei decepcionado com a política econômica do governo Fernando Henrique Cardoso. Nos quatro anos e meio que permaneci em seu governo manifestei sempre ao presidente meu desacordo com a política ortodoxa que estava sendo praticada baseada em altas  taxas de juros e taxa de câmbio sobreapreciada. Comecei a fazer minha crítica ainda em 1999, no trabalho, “Incompetência e confidence building por trás de 20 anos de quase-estagnação da América Latina”. Quando, em 2001, meu velho companheiro de estudos e trabalhos, Yoshiaki Nakano, também se desligou do governo, convidei-o para escrever, sucessivamente, dois papers, “Uma estratégia de desenvolvimento com estabilidade” e “Crescimento econômico com poupança externa”.  Em seguida eu continuei a trabalhar na crítica da poupança externa e da tese da restrição externa ao mesmo tempo que orientava duas teses de doutorado sobre a taxa de câmbio (de Paulo Gala e de Lauro Gonzales). Em seguida, escrevi um outro modelo fundamental, o da doença holandesa, no qual apareceu o conceito de equilíbrio industrial. Esses desenvolvimentos teóricos foram essenciais para que eu publicasse em 2007 “Macroeconomia da Estagnação”. Terminado o livro, desenvolvi o terceiro modelo da macroeconomia estruturalista do desenvolvimento, o modelo da tendência à sobreapreciação cíclica e crônica da taxa de câmbio que, em seguida, me permitiu escrever o livro teórico para mim fundamental, “Globalização e Competição”.  

i)        Você é o responsável pela criação do conceito “novo-desenvolvimentismo”. Conte-nos um pouco sobre o processo de criação desse conceito. É verdade que o termo “novo-desenvolvimentismo” foi ideia do Nakano?

Depois de termos escrito os dois papers  acima referidos eu fiquei convencido que começávamos a definir uma nova abordagem para o desenvolvimento econômico e a macroeconomia. Disse isso ao Nakano e perguntei que nome poderíamos dar para as novas ideias. Ele sugeriu “novo desenvolvimentismo”. Eu imediatamente aceitei e na quinta edição de meu livro Desenvolvimento e Crise no Brasil (2003)discuti o novo desenvolvimentismo no último capítulo. Só, porém, em 2006 eu teria um artigo que me satisfez sobre o tema: “O novo desenvolvimentismo e a ortodoxia convencional”.

j)        Nos últimos anos você tem desenvolvido um novo conceito “a macroeconomia estruturalista do desenvolvimento”. Qual a relação da mesma com o “novo-desenvolvimentismo”? Por que razão você considera a “macroeconomia estruturalista do desenvolvimento” uma nova escola de pensamento econômico?

Sempre defini o novo desenvolvimentismo como uma estratégia nacional de desenvolvimento, como a instituição fundamental para o desenvolvimento econômico; a teoria que justifica esse conjunto de políticas econômicas é a macroeconomia estruturalista do desenvolvimento. Esta macroeconomia não é uma criação apenas minha. Outros economistas têm dela participado. Agora estou escrevendo um livro que deverá se chamar Structuralist Development Macroeconomics and New Developmentalism com você, José Luiz Oreiro, e com Nelson Marconi. São ideias novas. Um conjunto de modelos novos que renovam o estruturalismo e o keynesianismo.  Por isso entendo que estamos criando no Brasil uma nova escola de pensamento. Uma escola que já tem participação internacional, como pudemos ver com a aprovação das 10 Theses on New Developmentalism que foi subscrita originalmente, em 2010, por 80 economistas de todo o mundo.

k)      Quais são os princípios teóricos fundamentais da “macroeconomia estruturalista do desenvolvimento”? Qual a relação da mesma com o pensamento Keynesiano ou Pós-Keynesiano?

Na macroeconomia estruturalista do desenvolvimento temos três modelos principais: a crítica à política de crescimento com poupança externa e à tese de que os países em desenvolvimento enfrentam uma restrição externa;  o modelo da doença holandesa com duas taxas de câmbio de equilíbrio e o conceito de taxa de câmbio de equilíbrio industrial – aquela taxa que torna competitivas as empresas utilizando tecnologia no estado da arte mundial; e o modelo da tendência à sobreapreciação cíclica e crônica da taxa de câmbio. Esses modelos colocam a taxa de câmbio pela primeira vez no centro da teoria do desenvolvimento.  Essa é uma teoria keynesiano-estruturalista que analisa países em desenvolvimento de renda média no quadro histórico da globalização. É uma teoria que ao enfrentar problemas novos, em certos casos crítica o pensamento keynesiano e o pensamento estruturalista antigos. Por exemplo, para a macroeconomia estruturalista do desenvolvimento a crônica falta de dólares ou a “restrição externa” deriva muito mais de uma taxa de câmbio cronicamente sobreapreciada e, em consequência, de déficits em conta corrente injustificáveis, do que das elasticidade renda das importações e das exportações.   

l)        Como você avalia a Associação Keynesiana Brasileira?

Sinto-me honrado em ser um de seus patronos. Seus dirigentes são todos amigos próximos meus. Entendo que ela já está dando uma contribuição importante para o desenvolvimento do pensamento econômico brasileiro.

Thomas Palley: A Keynesian Theory of Hegemonic Currencies – Or Why the World Pays Dollar Tribute

Several years ago (June 2006) I wrote an article advancing a new theory of why the dollar is the world’s dominant currency and why it is likely to remain so. The article was published in the midst of the last boom and sank like a stone. But now debate about the cause of the dollar’s hegemony has been revived in an interesting paper by Fields and Vernengo titled “Hegemonic currencies during the crisis: The dollar versus the euro in a Cartelist perspective” (also here). Their paper provides an opportunity to revive discussion, so I am posting the article again. Here it is (subject to a couple of word edits):

The U.S. dollar is much in the news these days and there is a sense that the world economy may have become excessively reliant on the dollar. This reliance smacks of dysfunctional co-dependence whereby the U.S. and the rest of the world both rely on the dollar’s strength, but neither is well served by it.

The U.S. dollar is the world’s premiere currency, with approximately two-thirds of world official foreign exchange holdings being dollars. Moreover, many countries appear willing to run sustained trade surpluses with the U.S., supplying everything from t-shirts to Porsches in return for additional dollar holdings. This willingness to exchange valuable resources for paper IOUs represents a form of dollar tribute.

Many foreign policymakers complain about the U.S.’s special advantage, which allows it to run enormous trade deficits without apparent market sanction. Whereas balance of payments considerations constrain other countries to run tight economic policies, no equivalent constraint appears to hold for the United States. This advantage is rooted in the dollar’s special role as the world’s reserve currency.

For the U.S. one major benefit of the dollar’s reserve currency role is that it increases the demand for U.S. financial assets. This drives up prices of stocks and bonds and lowering interest rates, thereby increasing household wealth and lowering the cost of borrowing money. Additionally, the U.S. government gets seignorage (a free loan) from the hundreds of millions in dollar bills held offshore. Printing a one hundred dollar bill is almost costless to the U.S. government, but foreigners must give over one hundred dollars of resources to get the bill. That’s a tidy profit for U.S. taxpayers.

Increased foreign demand for U.S. assets also appreciates the dollar, which is a mixed blessing. On one hand, consumers benefit from lower import prices. On the other, it makes U.S manufacturing less internationally competitive because an over-valued dollar makes U.S. exports more expensive and imports cheaper. Reserve currency status therefore promotes trade deficits and de-industrialization.

The conventional explanation of the dollar’s reserve currency status is a “medium of exchange” story. The U.S. has historically been the largest and richest currency area, with the largest share of world output and trade. This has provided incentives for other countries to hold and use dollars. Additionally, the fact that many governments over-issue their own money and create high inflation, encourages foreign citizens to protect themselves by holding dollars instead of domestic currency.

A second theory of reserve currencies, associated with the political left, is based on U.S. military power and the Pax Americana. The argument is that U.S. military power provides the security that protects the global market system, and New York is the new Rome. Countries, such as Saudi Arabia, hold reserves in dollars because New York is a political safe haven, and because that is how they help cover the costs of enforcing the Pax Americana.

These two theories are mutually reinforcing. Thus, to the extent that the dollar is widely used and is also a safe haven, investors will tend to rush into dollars in times of uncertainty. Consequently, central banks in other countries need to accumulate large dollar reserve holdings to protect against financial disruptions that result from sudden exits by investors, as happened in East Asia in 1997.

There is a third unrecognized theory that can be labeled the “buyer of last resort” or Keynesian theory of reserve currencies. Put bluntly, the tribute other countries pay the U.S. through their trade surpluses is the result of their failure to generate adequate consumption spending in their own markets, be it due to poor income distribution or bad domestic economic policies. This forces them to rely on the American consumer.

The logic of this third theory is easily illustrated. Over the last decade, while Europe and Japan stagnated, the U.S. grew on the back of robust consumer spending. This spending has sucked in imports, helping growth in Europe, East Asia, and Latin America, and making the U.S. the major engine of global growth.

East Asian countries (especially China) have been particularly willing to run trade surpluses with the U.S. because this has fuelled export-led growth. These countries rely on exports to keep their factories operating. Export success then attracts foreign direct investment that advances development. Under-valued exchange rates are vital for this strategy as it keeps exports competitive. Countries have therefore channeled their trade surpluses into dollars, keeping the dollar over-valued and enabling them to sell in the U.S. market. This explains both the continuing strong demand for dollars despite the U.S. trade deficit, and the dollar’s dominance in official foreign exchange holdings.

Ironically, America’s dispensation from trade deficit discipline stems from other countries’ failure to develop an equivalent of the American consumer. Countries want to industrialize with full employment, but they lack adequate internal demand. Consequently, they must rely on the U.S. market. It is also why Germany supplies BMWs and Mercedes-Benzes in return for paper dollar IOUs.

Conventional theory says the dollar will only lose its dominance when countries become saturated with dollar holdings. At that stage they will cease buying and may even sell dollars, causing a fall of the dollar. The problem with this story is that countries have no incentive to sell dollars, as this would kill the golden goose of export-led growth.

The Keynesian theory of hegemonic currencies suggests a different take. One reason the dollar could topple is if countries finally manage to develop their own consumption markets. Euroland is most capable of doing this, but for the moment it is gripped by policymaking that is obsessed with inflation and afraid of growth. China needs to improve its income distribution in a way that links income distribution to productivity. Unions are the natural way to do this, but they are blocked by China’s totalitarian political system that fears unions.

An alternative source of collapse is if American consumers reduce spending because they feel over-extended, the Fed raises interest rates too high, or American banks tighten lending standards. In this event, the U.S. economy would stall and the dollar could fall owing to diminished U.S. economic prospects.

All three theories have merit, but in today’s economic environment the buyer of last resort theory is especially relevant. As long as other countries fail to generate sufficient demand in their own markets, they will be compelled to rely on the U.S. market and pay dollar tribute.

However, none are well served by this co-dependence. Other countries are resentful of the U.S.’s special situation that exempts it from trade deficit discipline. Side-by-side, U.S. long-term economic prospects are undermined by the erosion of the manufacturing sector, while U.S. workers face wage and job pressures from imports that are advantaged by the dollar’s over-valuation. Moreover, all are vulnerable to a sudden stop of the system resulting from financial over-extension of the U.S. consumer.

This suggests that the rest of the world needs to develop an alternative to the U.S. consumer. That will require raising wages in developing economies, and encouraging consumption in Europe and Japan. Such measures would stabilize the global economy by providing a second engine of growth, and it would also correct the large global financial imbalances that have developed as a result of over-reliance on the U.S. consumer.

This article was originally published by Yale Global Online as “Why Dollar Hegemony is Unhealthy.” Permission to re-publish and use can be obtained by e-mailing Yale Global at globalization@yale.edu.

 

Artigo publicado em http://www.thomaspalley.com/?p=317#more-317

A Origem da Macroeconomia e a Crítica de Sraffa a Hayek

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Rodrigo Magalhães *


* Aluno do curso de graduação em economia da Universidade de Brasília. E-mail: rodrigofdemagalhaes@gmail.com.

A controvérsia sobre a condução das políticas monetária e fiscal nos EUA e dos demais países afetados pela crise financeira de 2008 desencadeou um reaparecimento no debate publico de doutrinas econômicas que, fora de um limitado publico de seguidores, pareciam estar extintas. Entre tais fenômenos, talvez o mais curioso seja a aceitação, por parcela crescente de setores da sociedade norte-americana, das ideias expostas pelo pré-candidato Republicano Ron Paul. Prometendo o fim do FED, readoção do padrão-ouro e forte contração fiscal, o senador texano parece exprimir um conjunto semi-ininteligivel de analises – ao menos para a maior parte dos policy makers e acadêmicos – sobre a origem da crise e o modo de resolvê-la. Afinal, ao que de fato o senador se refere quando diz que a origem da crise esta na sobre acumulação de capital provida  por uma expansão creditícia realizada sob os auspícios das autoridades monetárias ?.

            A resposta a pergunta se remete a origem da macroeconomia e as controvérsias dentro da tradição pos-wickeselliana. Hayek, Keynes, Robertson e Sraffa engajaram-se em intricadas discussões, por volta da década de 1930, a respeito dos efeitos monetários sobre o produto e o emprego durante a transição entre posições de equilíbrio de longo prazo.

            O chute inicial se deveu a severa critica lançada por Hayek, em uma resenha publicada em 1932, ao Tratado Sobre a Moeda, lançado por Keynes dois anos antes. Mantendo-se dentro da dicotomia clássica entre variáveis monetárias e reais, Keynes investigava a ocorrência de desvios momentâneos entre a taxa de juros de mercado e a taxa natural, esta ultima resultante da produtividade do capital e da parcimônia das famílias. Fiel ainda a tradição clássica, o Tratado ainda não incorporaria os elementos centrais da revolução Keynesiana – a ideia que é o nível de renda, e não a taxa de juros, a variável responsável pelo ajuste entre investimento e poupança. Hayek, por sua vez, buscando estabelecer a tradição na qual se formara, se opunha fortemente a ausência em Keynes de uma teoria do capital para compreensão dos mecanismos de ajuste de longo prazo que forcariam o sistema bancário a praticar uma taxa de mercado compatível com as condições de equilíbrio no mercado de fundo de empréstimos. A ausência de uma apropriada resposta de Keynes, em parte percebida pela sua própria afirmação de que “não existe uma teoria do capital no presente momento”, foi prontamente recebida por Hayek ao afirmar que, na menos pior das hipóteses, uma teoria do capital sofisticada existe e encontra-se “especificamente em Bohm-Bawerk e Wicksell”.

            Na tradição Austríaca, a quantidade disponível de capital em uma economia se mensura de acordo com a extensão do período de produção existente. Métodos capitais-intensivos seriam aqueles que, ao conceber um fundo de subsistência que permita aos trabalhadores engajarem-se na produção durante uma maior fração de tempo, elevam a produtividade do trabalho e o produto total. O processo dá-se mediante o deslocamento dos fatores originais de produção, trabalho e terra, de atividades voltadas para a aquisição de bens de consumo presente em direção a produção de bens intermediários que incrementam os meios de produção disponíveis. Ao fazer isso, no entanto, prolonga-se temporalmente o estagio entre a aquisição de insumos e a obtenção de bens de consumo finais destinados as satisfações individuais.

            Para o Hayek de Prices and Production, somente através da analise dos efeitos sobre a estrutura de capital é que se poderia conhecer a transição entre diferentes equilíbrios monetários. Sendo a oferta de capital um conjunto de bens de primeira ordem que os poupadores ofertam de modo a expandir o fundo de subsistência dos trabalhadores, existe uma taxa de juros paga as famílias pelos empresários que permite que a disponibilidade de capital seja idêntica ao volume de investimento que os empresários estarão dispostos a empreender. Nesse caso, podemos definir a taxa de juros natural como aquela taxa que garante que a preferência intertemporal das famílias seja idêntica a produtividade marginal do capital, dado o suposto de retornos decrescentes para métodos de produção temporalmente mais alongados.

            Se, durante um período de desequilíbrio, a taxa de marcado praticada pelos bancos for inferior a natural, a demanda por crédito ira superar a captação de depósitos e, portanto, os bancos precisarão acomodar a crescente demanda via um aumento na oferta de crédito. Os empresários, que enxergam numa menor taxa de juros a sinalização acerca da maior lucratividade de tecnologias mais capital-intensivo, expandem seus investimentos e a capacidade produtiva da economia. Como, no entanto, o investimento supera a poupança real disponível ao nível de renda de pleno emprego, o aumento da demanda agregada impacta somente o nível de preços. Tendo em vista que o mecanismo de transmissão se dá de forma assimetria, ocorre uma alteração momentânea entre os preços relativos favoravelmente aos bens de capital em detrimento dos bens de consumo, gerando o que Hayek chama de poupança forcada, resultante de forcas inflacionárias que não esta de acordo com as preferências intertemporais que não foram alteradas durante o processo.

            Após o mecanismo inflacionário ter se propagado e os preços relativos terem voltado ao seu patamar inicial, os empresários terão percebido que a demanda por bens de consumo não se descolou em direção a bens futuros, levando a um aumento de bens presentes e, com isso, a uma maior lucratividade em tal ramo de produção. Os empresários, que haviam prolongado o período de produção de modo a atender uma demanda futura maior, encontra-se com capacidade ociosa em virtude da sobreacumucacao de capital obtida durante período de expansão creditícia. A crise, Hayek conclui, é o mecanismo natural pela qual a economia se desfaz de um excesso de capital subo timo, mesmo que isso se de através de uma recessão. Políticas monetárias que buscassem sustentar a oferta creditícia iriam apenas estender o doloroso, porem necessário, ajuste da taxa de juros de mercado a taxa natural.           

            Em uma serie de artigos publicados no Economic Journal, Piero Sraffa lançou-se em uma profunda critica – em parte estimulada pelo próprio Keynes – a exposição de Hayek da teoria austríaca dos ciclos expressa em Prices and Production. Vale lembrar que, em virtude do estágio ainda inicial de suas pesquisas, a crítica de Sraffa não expressa sua própria visão positiva sobre a teoria do capital, mas permanece apenas dentro do terreno da própria teoria austríaca – isto é, é uma critica interna a teoria de Hayek. O primeiro ponto de Sraffa encontra-se na suposta transitoriedade dos efeitos da poupança forcada em oposição ao caráter permanente de uma mudança na poupança voluntaria. Sraffa argumenta que, tanto no primeiro como no segundo caso, uma nova configuração de equilíbrio emergiria. Um processo inflacionário acionado por uma expansão creditícia, ao alterar a distribuição de renda entre produtores e consumidores, alteraria igualmente um dos dados da teoria, a saber: a dotação de fatores. Mesmo permanecendo iguais as preferências e as tecnologias, ao final do distúrbio monetário, encontraríamos uma nova posição de equilíbrio com relações capital-produto mais altas, não necessitando retornar ao estoque de capital do equilíbrio inicial.        

            Se, por exemplo, aqueles que incrementaram sua renda em virtude da inflação tiverem uma preferência intertemporal maior do que aqueles que perderam, haverá um aumento da poupança, mesmo que mantendo-se constante o produto, que financiara ex post o aumento de investimento inicial. Por conta de uma menor produtividade marginal do capital, a taxa natural ria se ajustar a de marcado, sem que para isso o capital acumulado tenha que ser dissipado. Desse modo, as distinções entre poupança forcada e voluntaria se desfariam.

            Em um segundo flanco, Sraffa ataca a concepção defendida por Hayek que as perturbações que sua teoria analisa dependem exclusivamente de desvios da taxa monetária em relação a natural – sua ocorrência seria possível ainda que os empréstimos fossem efetuados in natura de acordo com cada uma das mercadorias existentes na economia. Para que essa possibilidade fique mais clara, imaginemos uma economia monetária na qual há um mercado futuro para cada bem existente. Caso um especulador adquira uma quantidade emprestada de dinheiro a fim de comprar um saco de milho ao preço prevalecente no mercado atual para vender no mercado futuro, podemos definir a taxa própria de juros do milho como a diferença entre a quantidade de moeda necessária para a obtenção do milho presente menos o valor do mesmo milho ao preço dos mercados futuros. As taxa próprias representam, portanto, as taxas pagas em termos dos próprios bens caso cada empréstimo fosse efetuado sem a intermediação monetária.

            Em equilíbrio – isto e, na ausência de arbitragem – os preços futuros coincidem com o custo de produção, resultando na equalização de todas as taxas de juros próprias, inclusive a da monetária. Na ocorrência de um choque de oferta, entretanto, os preços futuros e presentes tenderiam a diferir e haveria tantas taxas de juros quanto existem bens – não sendo possível, fora do equilíbrio, definir a taxa natural de juros, uma vez que cada taxa própria seria a sua taxa de equilíbrio. Apenas quando os preços de produção se reconfigurassem de acordo com uma taxa uniforme de retorno sobre os preços dos bens de capital (supondo-se livre competição), as taxas  próprias voltariam a ser idênticas.       

            As respostas de Hayek as criticas de Sraffa atestam um claro desconforto. No que diz respeito a questão da poupança forcada, Hayek admite que o retorno para os níveis iniciais de consumo após o fim do surto inflacionário reside no quão rápido e o crescimento dos salários nominais vis-à-vis a elevação dos preços dos bens de capital. Em seguida, atesta: “as transferência de renda de uma classe menos propensa a poupar para uma classe mais inclinada para tanto ira inevitavelmente produzir alguma poupança real”.

            Em relação a existência de uma variedade de taxas próprias de juros, Hayek igualem te admite a possibilidade de que, em qualquer momento fora do equilíbrio, todas as taxas próprias seriam equilíbrio para elas próprias. Sraffa, em sua treplica, extrai as conclusões inevitáveis que Hayek parecia receoso em aceitar: “o único significado (isto e, se houver algum) que eu posso tirar disso é que a política monetária ideal requer agora que a taxa monetária deve ser igual a todas essas taxas divergentes”.

            O resultado do debate parece ter sido peremptório: mesmo teóricos simpáticos a Hayek e a tradição austríaca reconheceram que a sua estatura enquanto teórico foi danificada. Schumpeter, por exemplo, em uma carta endereçada a Sraffa disse estar plenamente de acordo com o jovem economista italiano. Nicholas Kaldor, que ate então era um economista de formação austríaca, relata que o resultado do debate foi de suma importância para a dissolução do circulo de Lionel Robbins na LSE e George Schackle, na ocasião da publicação da Produção de Mercadorias por Meio de Mercadorias décadas depois, viria a se referir a critica de Sraffa como uma “milestone” na analise econômica.

            É de se estranhar que o reaparecimento repentino de teorias ate então consideradas sepultadas (vale lembrar que, mesmo tendo ganhado o Nobel em 1974, a relevância acadêmica de Hayek em economia já havia há muito sido relativizada), esquecendo-se convenientemente do seu próprio opacamento aos olhos de seus contemporâneos. Um retorno a historia da disciplina, no entanto, pode nos permitir jogar um pouco de luz no obscurantismo ideológico com o qual o debate atual esta sendo conduzido.

            

A Economia Pós-Keynesiana e o Mundo Pós-Crise Financeira de 2008 – José Luis Oreiro

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Entrevista concedida a Revista Multiface (a ser publicada no Vol. 5. N.2) A Revista Multiface é uma publicação científica para alunos de graduação produzida pelos alunos do Programa de Ensino Tutorial (PET) da Faculdade de Ciências Econômicas da UFMG.

Multiface: O economista Robert Lucas, um dos precursores da escola das expectativas racionais, afirmou que não é mais necessário ler a Teoria Geral do Emprego, do Juros e da Moeda, de John Maynard Keynes. Como o senhor avalia a importância da obra de Keynes para o entendimento das condições econômicas atuais?

Oreiro: Não concordo com o Lucas. A Teoria Geral de Keynes é uma obra fundamental para aqueles que desejam entender o funcionamento de uma economia capitalista moderna. Os modelos usados por Lucas e pelos novos-clássicos são relativamente sofisticados do ponto de vista matemático, mas representam economias extremamente primitivas. Os modelos de equilíbrio geral dinâmico usados pelos novos-clássicos representam economias onde (i) nenhuma transação pode ocorrer a “falsos preços”, ou seja, preços para os quais a oferta e a demanda de cada mercadoria não são iguais, (ii) a decisão de contratação de insumos e a venda da produção acabada no mercado são simultâneas de maneira que as empresas não necessitam financiar a atividade de produção e (iii) os mercados são completos no sentido Arrow-Debreu. Nesse tipo de economia não existe nenhum espaço para a moeda e o sistema financeiro. Os novos-clássicos só conseguem incluir moeda nos seus modelos por intermédio de “short-cuts” como as hipóteses de “cash-in-advance” ou a inclusão, a força, da moeda na função utilidade dos agentes. Sem essas hipóteses, indivíduos racionais não demandariam moeda, nem como meio de pagamento, no mundo suposto pelos novos-clássicos. Isso porque nesse tipo de economia, parafraseando Frank Hahn, “existe um preço cotado hoje, para um guarda-chuva a ser entregue em Cambridge, no Natal de 2112, se chover”. Em outras palavras, os mercados são completos de maneira que todas as transações podem ser efetuadas e liquidadas em t=0. Como não existem transações a serem realizadas depois de t=0, apenas entrega de mercadorias, também não há espaço para a moeda como meio de pagamento, e menos ainda como reserva de valor. Também não há espaço para o sistema financeiro, particularmente para bancos. Daqui se segue que a economia suposta por Lucas e pelos Novos-Clássicos é, no fundo, uma barter economy. Se isso é verdade então com que autoridade Lucas afirma que a leitura da Teoria Geral é desnecessária? Acaso ele quer afirmar que a análise de uma economia não-monetária, onde o sistema financeiro é inexistente, é mais relevante para o entendimento sobre o funcionamento de uma economia capitalista moderna do que a Teoria Geral de Keynes, a qual foi escrita para dar conta da análise de uma Economia Monetária de Produção? O problema é que esse pessoal do mainstream americano confunde formalismo com relevância.

Multiface: Atualmente existe uma grupo de economistas considerados novos keynesianos. Qual a principal diferença entre esse grupo de economistas e aqueles que adotam o paradigma pós keynesiano? O senhor os consideraria como economistas realmente keynesianos?

Oreiro: Os Novos-Keynesianos podem ser classificados em primeira e segunda geração. Nos trabalhos da primeira geração de novos-keynesianos (Stiglitz, Romer e Mankiw) o objetivo eram simplesmente mostrar a compatibilidade entre o suposto tradicional neoclássico de comportamento racional e os resultados da “velha” macroeconomia Keynesiana. Mais especificamente tratava-se de responder o porque agentes econômicos racionais mantinham preços e salários nominais rígidos face a uma queda da demanda agregada, quando essa rigidez era a responsável pela queda da produção e do emprego, a qual afetava de maneira adversa aos agentes econômicos em seu conjunto. A resposta dessa primeira geração de novos-keynesianos foi mostrar que num contexto no qual existem custo de ajustamento de preços e onde as imperfeições no processo de seleção e monitoramento dos trabalhadores pode dar origem a rigidez de salário real, pode ser do interesse privado das empresas manter os preços dos seus produtos inalterados face a uma queda da demanda agregada. Os novos-keynesianos de segunda geração (Woodford e Galí) foram muito além disso. Eles resolveram replicar a mesma metodologia de construção de modelos dos novos-clássicos e adotaram o assim chamado “modelo de equilíbrio geral estocástico dinâmico”, ou seja, a versão inter-temporal do modelo de equilíbrio geral Arrow-Debreu para uma economia sujeita a “incerteza”, ou seja, na qual o resultado das decisões dos agentes econômicos é condicional ao “estado da natureza”. Foi a rendição final dos novos-keynesianos a hipótese de expectativas racionais. A diferença dos modelos DSGE dos novos-keynesianos com respeito ao dos novos-clássicos é que nos primeiros se impõe, de forma puramente ad-hoc, a existência de rigidez de preços. A justificativa para esse procedimento é que os modelos DSGE são a forma “correta” para se analisar os efeitos dinâmicos das políticas econômicas. Dessa forma, deve-se sacrificar a relevância no altar do formalismo. Eu tenho alguma simpatia pelos novos-keynesianos de primeira geração, mas acho um completo non-sense o trabalho feito pelos novos-keynesianos de segunda geração. Particularmente acho que o velho e antiquado modelo IS-LM-BP (ou sua versão remasterizada, o modelo IS-RM-BP) muito mais relevante para o entendimento a respeito do funcionamento de uma economia capitalista moderna do que o modelo DSGE. Quanto a considerar os novos-keynesianos como “realmente keynesianos” está claro que não considero. Não se trata de ter uma visão “fundamentalista” da obra de Keynes. Longe disso. Mas qualquer pessoa que tenha minimamente lido a Teoria Geral sabe que a economia ali apresentada não guarda nenhuma relação com a economia representada pelos modelos DSGE. Trata-se de uma apropriação indébita do nome de Keynes.

Multiface: A zona do euro está passando por um período de crise em que alguns países têm enfrentado grande dificuldade para pagar as dívidas contraídas anteriormente. Em reposta a essa situação várias medidas de austeridade foram adotadas com apoio do Fundo Monetário Internacional e do Banco Central Europeu. Como o senhor avalia essas medidas?

Oreiro: Acho que essas medidas não vão funcionar. A crise atual da área do Euro não está relacionada com governos gastadores que se endividaram em excesso, mas com o fato de que os países que compõe a área do Euro perderam a capacidade de imprimir sua própria moeda, de tal forma que os mercados de títulos soberanos estão sujeitos ao que eu denomino de “corrida para liquidez”, algo que é muito próximo em essência a uma corrida bancária. Considere que os detentores de títulos de um país como a Itália, por exemplo, passem a desconfiar, a partir de um determinado momento, da capacidade desse país em honrar as suas obrigações financeiras. Nesse caso, cada investidor tomando individualmente pode até não acreditar num default soberano, mas pode ficar incerto a respeito do comportamento dos demais investidores. Nesse contexto, se houver uma corrida para a liquidez, ou seja, se todos os demais n-1 investidores (ou uma fração significativa dos mesmos) resolverem liquidar suas posições em títulos da Itália, o preço de mercado desses títulos irá despencar, gerando uma grande perda de capital para o investidor que mantiver sua posição em títulos do governo desse país. Daqui se segue que cada investidor individual terá um forte incentivo a se desfazer de suas posições antes que todos os demais o façam. Como todos tem o mesmo incentivo o resultado é uma corrida para a liquidez, onde o preço dos títulos soberanos despenca e, consequentemente, a taxa de juros aumenta muito. A depender da extensão da elevação da taxa de juros, a dívida pública pode se tornar insustentável, o que realiza as profecias pessimistas dos investidores. A única forma de se evitar esse “equilíbrio ruim” é por intermédio do compromisso (que pode ser implícito) da autoridade monetária com a monetização da dívida pública em casos de “corrida para a liquidez”. Se o compromisso for crível então a corrida para a liquidez não irá ocorrer e a autoridade monetária não será obrigada a comprar os títulos soberanos. Austeridade não é substituto para a função de emprestador de última instância. Isso porque a austeridade num momento de recessão atua apenas no sentido de aprofundar a queda do nível de renda e de emprego, reduzindo assim a arrecadação de impostos e, portanto, a capacidade dos governos de fazer frente aos seus compromissos financeiros. Multiface: A interpretação pós keynesiana trata como possível que uma economia mantenha sistematicamente uma taxa de juros maior do aquela considerada neutra – isto é, aquela que proporciona plena utilização da capacidade produtiva da economia. Podemos considerar que a economia brasileira tem uma taxa de juros muito acima da taxa neutra? Por quais razões isso ocorre? Oreiro: O Brasil possui uma taxa de juros sistematicamente elevada para os padrões internacionais, mesmo quando comparamos com outros países em desenvolvimento. Os economistas brasileiros, das mais diversas tendências, tem apresentado diversas explicações para o fenômeno, mas não existe um consenso na literatura brasileira sobre qual seja a causa dos juros elevados no Brasil. Eu acredito que uma explicação possível para esse fenômeno seja o fato de que o passado de alta inflação experimentado no Brasil, ao expandir enormemente o sistema financeiro e a demanda por substitutos próximos da moeda correte, criou uma “cultura rentista” em nosso país, na qual os indivíduos, das mais diversas classes sociais, ficaram viciados em juros elevados sobre aplicações com liquidez diária e risco praticamente zero. Essa cultura rentista pode ter gerado uma taxa de juros convencional muito alta, o que cria um piso abaixo do qual o Banco Central não consegue colocar a taxa de juros sob risco de perder totalmente a credibilidade por parte do público. Nesse contexto, a redução da taxa de juros torna-se um processo extremamente lento, realizado ao longo de vários ciclos de taxa de juros, onde a cada ciclo a taxa de juros média é ligeiramente mais baixa do que no ciclo anterior. Dessa forma, o público lentamente revê suas convenções sobre o valor “normal” da taxa de juros, permitindo assim ao Banco Central prosseguir no processo de redução de juros sem por em risco a credibilidade da política monetária.

Multiface: A formação da taxa de juros e as causas da inflação são explicadas de maneira diferente pelo teoria pós keynesiana. Como seria a gestão da política monetária sob uma perspectiva pós keynesiana e no que ela difere da gestão ortodoxa? Quais seriam os objetivos e os mecanismos de ajuste adotados pela autoridade monetária?

Oreiro: Deve-se observar que não existe um consenso entre os economistas pós-keynesianos sobre qual a forma ideal de condução da política monetária. Podemos identificar pelo menos duas posições sobre o tema. A primeira posição atribui um papel fundamental para a política salarial no processo de controle da inflação (vejam o livro de Hansjorg Herr e Milka Kasandziska, Macroeconomic Policy Regimes in Western Industrial Countries, publicado em 2011 pela Routledge). A ideia aqui é que, no longo-prazo, existe uma forte correlação entre a inflação salarial e a evolução do deflator implícito do PIB, de tal maneira que o controle do primeiro implica no controle do segundo. Nesse contexto, a política salarial deve seguir uma regra segundo a qual a taxa de variação dos salários nominais deve ser igual ao crescimento da produtividade do trabalho acrescido da meta de inflação. Os salários não podem ser corrigidos pela inflação passada em nenhuma circunstância, mas apenas pela meta de inflação perseguida pela autoridade monetária. Essa regra de reajuste dos salários nominais facilita a convergência da taxa de inflação com respeito a meta, fazendo com que o Banco Central possa manter a estabilidade da taxa de inflação com uma dosagem menor de taxa de juros. Nesta abordagem, a taxa de juros é um instrumento meramente auxiliar, embora fundamental, no controle da taxa de inflação. Sua função é impedir que a inflação apresente grandes desvios, ainda que temporários, com respeito a meta de médio e longo-prazo, em decorrência de pressões de demanda que induzam ao aumento das margens de lucro por parte das empresas. Isso por sua vez atua no sentido de conferir aos sindicatos a segurança de que reajustes de salário nominal com base na meta de inflação, ao invés de baseados na inflação passada, não irão proporcionar perdas salariais para seus filiados. Em resumo, nessa abordagem, o controle da taxa de inflação é conseguido por intermédio da coordenação entre as políticas monetária e salarial. A segunda posição, a qual poderíamos chamar de “Keynesianismo vulgar”, acredita que o grande problema das economias capitalistas é a tendência a um estado de semi-depressão devida a escassez crônica de demanda agregada (ou seja, uma situação na qual a poupança de pleno-emprego supera o investimento). Para manter a economia operando com pleno-emprego é necessário então que o governo incorra no déficit fiscal necessário para absorver o excesso de poupança de pleno-emprego. A sustentabilidade do déficit fiscal no longo-prazo exige que a política monetária seja então usada para manter a taxa real de juros ligeiramente abaixo da taxa de crescimento do produto real, de forma a impedir o aumento exponencial da relação dívida pública/PIB. O controle da taxa de inflação seria obtido, nesse contexto, pela adoção de um regime de taxa de câmbio fixo combinado com controles fortes, se não proibição total, dos fluxos de capitais internacionais de curto-prazo aos moldes do prevalecente durante o Acordo de Bretton Woods. Pessoalmente tenho muito mais simpatia pela primeira posição do que pela segunda. É possível que economias como a Japonesa ou mesmo a Alemã tenham um problema crônico de “excesso de poupança” de tal forma que seja necessário um grande déficit fiscal (ou um grande saldo comercial) para manter o pleno-emprego. Mas certamente não é o caso de economias como a dos Estados Unidos ou do Brasil. Além disso, controlar a inflação por intermédio da adoção de um regime de câmbio fixo só seria viável no bojo de uma ampla reforma do sistema financeiro internacional, algo que parece inviável num mundo multi-polar. Multiface: A crise de 2007-08 abalou a teoria econômica ortodoxa diante de sua incapacidade de lidar com os problemas que surgiram. Desde então foi possível perceber aumento no interesse pela perspectiva pós keynesiana dentro do meio acadêmico? Como o senhor avalia a situação dessa corrente teórica no Brasil? Oreiro: A crise de 2007-08, a qual ainda não terminou, aumentou o interesse do público em geral tanto por Keynes como por Marx. No Brasil observamos um aumento do interesse, tanto dos estudantes de economia como do público em geral, pelas ideias de Keynes e de Pós-Keynesianos. Em nosso país a escola Pós-Keynesiana é bastante forte e atuante. O pensamento Pós-Keynesiano é largamente difundido entre os cursos de graduação e pós-graduação em economia no Brasil em função da presença de professores/pesquisadores dessa corrente teórica. Atualmente os centros mais representativos do pensamento pós-keynesiano no Brasil ainda são o Instituto de Economia da Universidade Federal do Rio de Janeiro e o Instituto de Economia da Universidade Estadual de Campinas. Mas outros centros também tem se destacado na docência e pesquisa com base nessa corrente teórica. Aqui cabe destacar a UFRGS, a UFMG e a UnB. Não posso deixar de mencionar a importância para essa corrente de pensamento da criação, em 2008, da Associação Keynesiana Brasileira. Este ano faremos em São Paulo o V Encontro Internacional da AKB. Atualmente a AKB conta com mais de 100 filiados, número que aumenta a cada ano.

Multiface: O senhor e outros economistas pós keynesianos tem participação ativa em alguns veículos de mídia convencional. Você acredita que os meios de comunicação tem concedido mais espaço para essa interpretação distinta da economia?

Oreiro: Com certeza. Atualmente os economistas pós-keynesianos tem um espaço bastante considerável em jornais como o Valor Econômico. Outros veículos de mídia convencional nos contatam regularmente para saber nossa opinião sobre assuntos diversos. A ditadura do pensamento único prevalecente até 2005 terminou no Brasil.

Multiface: A Revista Multiface tem como um de seus objetivos principais despertar o interesse dos alunos de graduação para a pesquisa acadêmica. O senhor poderia recomendar algum livro ou artigo para aqueles que desejam iniciar seus estudos na área de economia pós keynesiana?

Oreiro: Recomendo dois livros. O primeiro, do Marc Lavoie, introduction to post-keynesian economics, publicado em 2009 pela Palgrave Macmillan. O segundo do Thomas Palley, post keynesian economics, publicado em 1996 também pela Palgrave Macmillan.

Sobre o patamar da taxa básica de juros no Brasil

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Por Giuliano Contento de Oliveira
 
A despeito do processo mais recente de flexibilização da política monetária no Brasil, pode-se dizer que: 1) o patamar da taxa básica de juros brasileira ainda é muito alto, provocando distorções econômicas e financeiras não desprezíveis, incluindo aquelas desencadeadas pela atração de capital especulativo, como a valorização cambial; e 2) nada indica que mudanças no cenário internacional não possam recolocar o problema do alto patamar da taxa Selic de forma mais aguda do que atualmente. Isso porque, mesmo depois da flexibilização do regime cambial em 1999 e do crescimento significativo do crédito a partir de 2003, outros fatores que contribuem para isso persistem.
 
Segundo a versão convencional, a elevada taxa básica de juros no Brasil decorre do baixo nível de poupança. Parte-se do pressuposto clássico de que a taxa de juros é determinada pelo equilíbrio entre investimento e poupança, constituindo um “fenômeno real”.
 
Nada indica que mudança no cenário internacional não possa elevar a Selic de forma mais aguda que hoje.
 
Essa explicação, contudo, baseia-se em pressupostos incompatíveis com a realidade das economias capitalistas contemporâneas, em que a incerteza, a não neutralidade da moeda, o dinheiro de crédito e a preferência pela liquidez são características imanentes. Além de não ser a única, a interpretação convencional não é a mais adequada para explicar a alta taxa de juros no Brasil.
Se o patamar elevado da taxa Selic decorre do baixo nível de poupança, como explicar o fato de outros países, a despeito dos níveis similares de poupança, terem taxas básicas de juros bem menores? Segundo os ortodoxos, em razão da existência de fatores que restringem a convergência da taxa de juros em direção às taxas internacionais, com destaque aos seguintes: 1) inconversibilidade monetária; e 2) política de acumulação de reservas realizada pelo Banco Central nos últimos anos.
  
Mas, pode-se argumentar que diversas economias, mesmo com moedas inconversíveis, apresentam juros de curto prazo bem menores do que a prevalecente no Brasil; e, antes da política de acumulação de reservas internacionais, o patamar dos juros no Brasil já era muito alto.
Na “ciência econômica”, as verdades não são tão inquestionáveis assim. Aquilo que parece ser óbvio pode não ser exatamente a explicação verdadeira…
 
A taxa básica de juros da economia deve ser entendida como o prêmio pela abstinência da liquidez e não do consumo corrente. Nesse sentido, o elevado patamar da Selic no Brasil provém do alto prêmio cobrado pelos detentores de riqueza pela abstinência da liquidez. Isso reprime a transformação da poupança financeira em poupança econômica, uma vez que, considerando o arcabouço da indexação financeira ainda prevalecente na economia brasileira mesmo depois do fim da alta da inflação, dispor de elevada liquidez não implica a abdicação de alta rentabilidade.
 
Ademais, outro fator que contribui para o alto patamar da taxa básica de juros no Brasil corresponde ao baixo grau de efetividade dos canais de transmissão da política monetária. Como importantes canais que transmitem a taxa Selic para as decisões de gasto e alocação de riqueza são menos efetivos do que poderiam, a taxa básica de juros requerida para assegurar um nível de demanda agregada compatível com o cumprimento da meta para a inflação acaba sendo muito alta.
 
A indexação financeira, por exemplo, contribui para o desvirtuamento do canal de ativos da política monetária, além de dificultar a construção de uma curva de juros positivamente inclinada. Essa institucionalidade, entre outras distorções, incentiva o curto prazo, obstaculiza a construção de um mercado de capitais dinâmico e permite a arbitragem entre papéis prefixados e pós-fixados, incentivando o espírito especulativo em detrimento do empresarial.
 
O baixo grau de eficiência dos canais de transmissão da política monetária, contudo, não decorre apenas da indexação financeira. Os spreads bancários elevados limitam a efetividade do canal do crédito. O sistema de crédito subsidiado também concorre nessa direção, mas não há qualquer evidência de que os bancos privados no Brasil sejam capazes de viabilizar um sistema de financiamento de longo prazo no momento atual. O sistema de indexação dos preços dos bens, serviços e fatores ainda existente também contribui para limitar o efeito da política monetária sobre a economia. Esses são apenas alguns exemplos de fatores que restringem a eficácia da política monetária no Brasil.
 
Nesse sentido, pode-se sustentar que o elevado patamar da taxa básica de juros na economia brasileira decorre, principalmente, da combinação entre alto prêmio exigido pelos detentores de riqueza pela abstinência da liquidez e baixo grau de efetividade de importantes canais de transmissão da política monetária. Enquanto o primeiro desestimula a transformação da poupança financeira em poupança econômica, o segundo dificulta a compatibilização entre os níveis de oferta e demanda agregadas, sem tensões inflacionárias, a partir de um baixo patamar de taxa de juros. Ademais, o nível de inflação doméstica também concorre para uma taxa nominal superior ao patamar médio de juros nominais prevalecentes nas economias desenvolvidas, em particular.
 
Essas condições, evidentemente, não impedem que, circunstancialmente, o patamar da taxa básica de juros no Brasil seja menos anormalmente alto, particularmente em contextos marcados por taxas de juros excepcionalmente baixas nas economias desenvolvidas. Mas a redução permanente do patamar da taxa de juros no Brasil requer a implementação de reformas e medidas capazes de: 1) aumentar o grau de efetividade dos canais de transmissão da política monetária, sem o comprometimento do sistema de financiamento de longo prazo; e 2) compatibilizar a institucionalidade da economia brasileira ao regime de baixa inflação, o que impõe a eliminação dos mecanismos ainda prevalecentes de indexação, seja no âmbito produtivo, seja no âmbito financeiro.
 
Giuliano Contento de Oliveira é professor do Instituto de Economia da Unicamp.

Keynes estava certo – Paul Krugman

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Folha de S.Paulo – Mundo – Keynes estava certo – 31/12/2011

O teste tem vindo de países europeus como Grécia e Irlanda, que tiveram que impor austeridade fiscal
“O momento de expansão, e não de retração, é a hora certa para o Tesouro Nacional ser austero.”
Foi o que disse John Maynard Keynes em 1937, quando o BC americano estava a ponto de provar que Keynes estava certo ao tentar equilibrar o orçamento cedo demais, fazendo a economia americana entrar em profunda recessão.
 
Um governo que adota política de cortes numa economia em depressão faz a queda ser pior; a austeridade deve esperar até que a recuperação esteja bem encaminhada.
 
Infelizmente, no fim de 2010 e início de 2011, políticos e governantes em muitas partes do ocidente acreditavam que sabiam mais, e que nós deveríamos focar em deficits e não em empregos, ainda que nossas economias tivessem acabado de se recuperar da depressão pós-crise financeira. Agindo de forma anti-keynesiana, acabaram provando que Keynes estava certo mais uma vez.
Ao declarar que a economia keynesiana foi vingada, estou indo contra o saber convencional. Especialmente em Washington, a incapacidade do pacote de estímulos de Obama de gerar grande número de empregos é geralmente vista como prova de que gastos governamentais não conseguem produzir empregos.
Mas aqueles de nós que fizeram as contas corretamente perceberam desde o início que a Lei de Recuperação e Reinvestimento de 2009 era restrita demais, dada a profundidade da queda. E também previmos o consequente retrocesso político.
 
Portanto, o verdadeiro teste para a economia keynesiana não veio dos tépidos esforços do governo americano para impulsionar a economia, que foram largamente contrabalançados por cortes em níveis estaduais e municipais
 
O teste tem vindo de países europeus como a Grécia e a Irlanda, que tiveram que impor severa austeridade fiscal como condição para receber empréstimos de emergência -e têm sofrido perdas econômicas do mesmo nível da Grande Depressão. Isso não deveria acontecer, segundo a ideologia que domina grande parte do nosso discurso político.
Em março passado, a parte republicana do Comitê Econômico Conjunto do Congresso divulgou relatório que ridicularizava as preocupações de que cortes em um momento de queda poderiam piorar a situação, argumentando que os cortes aumentariam a confiança de consumidores e de mercados, e isso sim poderia levar a um crescimento mais rápido, não mais lento.
 
A insistência em cortes imediatos continuou dominando o cenário político, com efeitos maléficos sobre a economia. É verdade que não houve novas grandes medidas de austeridade do governo federal, mas vimos muita austeridade “passiva” à medida que o pacote de estímulos de Obama saiu de cena e governos estaduais e municipais sem liquidez continuaram fazendo cortes.
 
Você poderia argumentar que Irlanda e Grécia não tinham escolha quanto à imposição de austeridade a não ser fazê-lo ou declararem-se inadimplentes e deixar o euro.

Mas outra lição de 2011 foi que os EUA tinham e têm uma escolha; Washington pode estar obcecado com a questão do deficit, mas os mercados financeiros estão, sim, sinalizando que nós deveríamos tomar mais empréstimos.

No Brasil, Keynes se sentiria em casa

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Fábio Alves – O Estado de S.Paulo
31 de julho de 2011
Se Deus não fosse brasileiro, John Maynard Keynes certamente deveria ter sido. Em nenhum outro país o economista inglês que publicou o cânone “Teoria Geral do Emprego, do Juro e da Moeda”, em 1936, tem tantos discípulos na academia. E ao longo da história foram muitos os governantes que aplicaram ao pé da letra seus preceitos e doutrina.
Atestam isso o número expressivo de economistas alinhados com a teoria keynesiana no alto escalão do governo Dilma Rousseff e o crescimento significativo da Associação Keynesiana Brasileira (AKB), que promoverá nesta semana, no Rio de Janeiro, a quarta edição de seu encontro internacional.
O encontro servirá para acadêmicos brasileiros e estrangeiros discutirem o panorama do sistema financeiro mundial e a crise do euro. O ex-ministro da Fazenda Luiz Carlos Bresser-Pereira participará de uma sessão especial para debater as estratégias de crescimento pós-crise para a economia global e brasileira.
A associação, que encontra apenas na França entidade de tamanho semelhante em número de seguidores, já conta com 120 membros, mais que o dobro dos 50 acadêmicos brasileiros que a criaram em 2008, ano em que a crise financeira mundial reacendeu o temor da Depressão dos anos 30.
O pensamento keynesiano espraiou-se com tal amplitude no Brasil que atualmente existem poucos centros acadêmicos, entre eles as escolas do Rio de pós-graduação da Fundação Getúlio Vargas (FGV) e da PUC, que podem ser considerados ainda bastiões da teoria neoclássica, identificada com a defesa ampla do livre mercado e da limitada intervenção do Estado na economia.
Já a Unicamp, cujo programa de mestrado foi frequentado pela presidente Dilma, encabeça a linha de pensamento heterodoxo, entre os quais a teoria keynesiana, cujo cerne é mostrar que economias capitalistas são inerentemente instáveis, já que o pleno emprego é uma utopia de economistas clássicos como o célebre escocês Adam Smith.
Essa popularidade recente de Keynes recebeu um empurrão depois da crise de 2008, que ressuscitou os ensinamentos do economista inglês, que morreu em 1946. Os Estados Unidos e a Europa foram forçados a adotarem políticas anticíclicas para evitar um colapso econômico, resgatando bancos privados e injetando bilhões de dólares na economia.
Presença nacional. Mas foi o Brasil que deflagrou essa guinada no mundo, mais precisamente durante o segundo mandato do ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que abandonou uma política econômica mais conservadora em termos fiscal e monetário. Mais do que Lula, o perfil do governo Dilma está marcado por economistas defensores de medidas heterodoxas encontradas no receituário de Keynes.
“O keynesianismo de Lula no segundo mandato foi mais por reação do que por convicção, com uma política pragmática em razão de um ambiente muito adverso na economia mundial”, explica o professor Fernando Ferrari Filho, da Universidade Federal do Rio Grande do Sul e vice-presidente da AKB. “Já no governo Dilma, há muito mais gente identificada com uma corrente keynesiana desenvolvimentista.”
Além do presidente do Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico Social (BNDES), Luciano Coutinho, outros economistas tidos como keynesianos no governo Dilma incluem o secretário executivo do Ministério da Fazenda, Nelson Barbosa, e o secretário de Política Econômica, Márcio Holland de Brito. É a essa inclinação para um desenvolvimentismo à la Keynes que muitos atribuem a escolha da presidente Dilma e, por tabela, do Banco Central em não sacrificar o crescimento econômico em prol do combate à inflação, abrindo mão, inclusive, de atingir neste ano o centro da meta do regime de inflação, de 4,5%.
“Um economista ortodoxo típico consideraria a política econômica atual como keynesiana porque ela tem procurado, por meio de certa flexibilização, fazer um sacrifício no combate à inflação que possa ter perdas mais fortes, quiçá desnecessárias, do crescimento do produto e do emprego”, diz o presidente da AKB, Luiz Fernando de Paula, também professor da Universidade Estadual do Rio de Janeiro.
O keynesianismo no Brasil ganhou força com a atuação da Comissão Econômica para a América Latina e o Caribe (Cepal), criada em 1948 e que teve como expoentes o renomado economista argentino Raúl Prebisch e o brasileiro Celso Furtado. Mas o fato de a América Latina, e em particular o Brasil, ser um terreno tão fértil para a ideia do Estado como ator principal na indução da industrialização é atribuído pelos acadêmicos ao desenvolvimento tardio da indústria na região, em comparação aos países desenvolvidos, que já tinham ultrapassado a segunda fase da revolução industrial quando Keynes escreveu a sua teoria.
“O Brasil precisa desenvolver sua indústria e financiar seus empreendedores por meio da poupança nacional e de um banco de investimento nacional (BNDES), e não depender do mercado financeiro (controlado pelo Norte) para reduzir as desigualdades sociais e ter um crescimento econômico forte”, diz o professor Edwin Le Heron, da Universidade de Bordeaux e presidente da Adek, a associação keynesiana da França, que tem 90 associados. “Tivemos a mesma estratégia na França com o general De Gaulle.”
Ostracismo. Os keynesianos de carteirinha culpam o ex-presidente americano Ronald Reagan e a ex-primeira-ministra britânica Margareth Thatcher pelo ostracismo relegado a Keynes com o foco no modelo neoliberal de política econômica nos Estados Unidos e na Inglaterra praticamente até hoje, resultando, inclusive, no Consenso de Washington, conceito elaborado em 1990 por John Williamson, do Peterson Institute for International Economics, e encampado pelo FMI.

Pela cartilha do Consenso, privatização, liberalização comercial e desregulamentação da conta de capital deveriam ser a prioridade dos governos latinos, depois da década de 80 marcada por hiperinflação e crise da dívida externa. A Argentina tornou-se o modelo desse novo receituário, que teve no ex-presidente Fernando Henrique Cardoso seu seguidor no Brasil.

Conversas com Economistas Pós-Keynesianos I – Fernando Cardim de Carvalho

Fernando José Cardim de Carvalho possui graduação pela Universidade de São Paulo (1975) , mestrado em Ciência Econômica pela Universidade Estadual de Campinas (1978) e doutorado em Economia pela Rutgers, the State University of New Jersey (1986) . Atualmente é Consultor do Instituto Brasileiro de Análises Sociais e Econômicas e professor titular da Universidade Federal do Rio de Janeiro. Tem experiência na área de Economia , com ênfase em Teoria Econômica. Atuando principalmente nos seguintes temas: Asset-Choice, Indexation, Modelos de Economia Agricola, Post Keynesian, Reforma Agraria.

Blog da AKB:  Por que voce escolheu estudar economia?

FJCC: Na verdade, eu nunca escolhi estudar economia. Quando completava meu colegial e me preparava para fazer o vestibular, meus planos eram fazer Direito na USP (eu sou paulista, como você sabe) e jornalismo na Cásper Líbero. Eu queria me tornar um jornalista especializado em análise política e achava que direito me daria a base técnica necessária para isso. As regras do vestibular da USP de então não permitiam buscar duas faculdades no mesmo exame, por isso eu queria fazer Direito lá, tendo que buscar jornalismo em outra escola. A Cásper Líbero era uma escola tradicional de jornalismo, que me satisfazia. Eu passei todo meu terceiro ano de colégio me preparando para o vestibular unificado, o CESCEA, como se chamava então, em Direito e para o outro exame, de jornalismo. Perto da realização do exame, quando fui fazer minha inscrição no CESCEA, ao ser perguntando qual o curso, eu respondi, por nenhuma razão em particular, Economia, ao invés de Direito. Chegando em casa depois, contei à minha futura esposa e a outros o que tinha feito e ninguem entendeu, inclusive eu, realmente. O resto é história. Mas cheguei a manter a segunda parte do plano. Fiz também o vestibular de jornalismo, passei em quarto lugar ou algo assim, mas não fui fazer o curso. O primeiro ano na FEA/USP foi ambíguo. Gostei muito de algumas cadeiras, e nada de outras. No segundo começou a melhorar e eu fiquei até o fim, aí já convencido que tinha sido a melhor escolha.

Blog da AKB:  Em que momento voce teve contacto com as idéias de Keynes? Como foi sua reação a elas?

FJCC: Meu primeiro contato foi ainda no final da faculdade. Um professor de modelos de crescimento, Gustavo Maia Gomes, que era aluno do IPE, um professor muito bom, mesmo sendo muito jovem naquela época, usava como livro auxiliar a coleção de artigos clássicos sobre crescimento editado pelo Amartya Sen para a Penguin, chamado Growth Economics. Ali eu li Harrod, Kaldor, Robinson, etc, pela primeira vez (e também Solow, Swan e outros). A coleção tinha uma excelente introdução do próprio Sen, como era costume nos volumes deste tipo publicados pela Penguin. Eu tenho meu exemplar do livro do Sen até hoje. Quando o curso estava chegando ao fim e muitos de nós já nos preparávamos para o mestrado, eu decidi ler a Teoria Geral. A primeira leitura para a maioria das pessoas não é impressionante, e comigo não foi muito diferente. Era interessante, mas naquela época, meio dos anos 70, a maior curiosidade ainda era Marx. Mas no último ano de faculdade, um grupo de alunos da graduação resolveu fundar uma revista. Daquele tipo ano um, número um, que nunca chega a publicar o número dois. Esse grupo era liderado pelo Persio Arida, que contava entre seus seguidores na época outros alunos como o Aloísio Mercadante, a Lidia Goldenstein, um outro aluno chamado Markus Sokol, que depois virou líder de uma ala radical do PT, etc. Isto é apenas uma curiosidade. A revista se chamava Argumento e um dos participantes do grupo era amigo meu e me pediu um artigo para esse número de estréia. Naquela época a redação de economia brasileira era extremamente importante no exame de mestrado e nós preparávamos redações sobre os temas prováveis, seguindo aquilo que centralizava atenções no debate da época. Uma das que fiz foi sobre Estatização, e mandei o texto para a revista. Quando ela saiu, incluindo meu “artigo”, ela continha também uma pequena nota do Pérsio sobre os livros do Leijonhufvud e do Davidson, desconhecidos por aqui. O artigo em si serviu-me pouco, ou quase nada, porque Pérsio estava interessado no que esses livros podiam ser úteis para uma discussão da mercadoria padrão, conceito usado por Sraffa no Produção de Mercadorias, mas me deixou curioso sobre os dois livros citados. Um outro amigo comum conseguiu localizar uma cópia do livro de Leijonhufvud (On Keynesian Economics and the Economics of Keynes) numa livraria em Belo Horizonte, porque naquela época importar livros era difícil, caro e muito demorado. Eu comprei, li e achei muito interessante. Quando fui fazer o mestrado na Unicamp, em 1976, conhecer melhor Keynes já era uma meta e isso foi se fortalecendo nos anos seguintes, apesar da ênfase na Unicamp então ser quase inteiramente em Marx e Kalecki ser preferido a Keynes, por não depender tanto de conceitos como incerteza, expectativas, etc, que não se enquadravam bem com a orientação mais marxista que era privilegiada. Vindo para o Rio depois do curso de Campinas, em 1977, continuei procurando os livros e textos sobre Keynes, alem de reler a Teoria Geral, agora com bem mais capacidade para avaliar do que se tratava. Em 1982, eu fui um dos alunos brasileiros (o outro foi o Francisco Eduardo Pires de Souza) da primeira Summer School organizada em Trieste, por Kregel, Garegnani e Parrinello, contando com gente como Davidson, Minsky, Asimakopulos, Harcourt, Don Harris, o próprio Kregel, o Antonio Castro entre outros. Abordava-se muitas escolas heterodoxas, mas a concentração maior era entre os pós Keynesianos e os neo-Ricardianos, como Garegnani e outros. Ali eu pude conhecer mais de perto as duas abordagens e fiz minha escolha.

Blog da AKB:  Que pessoas voce considera como seus mentores no estudo de economia?

FJCC: Aqui no Brasil, minha influência mais importante foi a de Antonio Barros de Castro. Eu o conheci no mestrado em Campinas, ele foi meu orientador de mestrado e trabalhamos muito proximamente por muito tempo. Ele foi responsável por minha ida a Trieste, porque como um dos conferencistas da Escola de Verão, ele podia indicar dois alunos para o programa, e ele indicou a mim e ao Francisco Eduardo. A influência do Castro sempre foi muito forte, principalmente nos métodos de trabalho e atitudes, já que seus interesses em economia não eram os mesmos que os meus. Mas como ele tinha passado algum tempo em Cambridge, onde teve contato com vários dos autores que me interessavam, também foi fonte importante de referências bibliográficas, apesar do seu entusiasmo por Keynes ser significativamente menor do que o meu. O outro mentor que tive foi Paul Davidson, meu orientador de doutorado em Rutgers, para onde fui no ano seguinte ao da Summer School. Minha abordagem keynesiana se move fundamentalmente dentro do perímetro que ele mesmo definiu em suas obras, com algumas exceções, e também se define pelo privilégio dado à relação Marshall/Keynes, e pela importância dada a autores como Shackle, uma influência central na formação das minhas idéias. Eu não tenho me referido muito a Shackle nos últimos anos, porque há algum tempo não tenho tratado de termas como expectativas e incerteza, mas a falta de menções não se deve a uma mudança da minha opinião sobre ele, e sim ao fato de que penso ter absorvido tão completamente suas proposições que já não sinto necessidade de explicitar isso todo o tempo.

Blog da AKB:  O que é ser um economista pós-keynesiano? Como voce se diferencia de Keynesianos como Krugman e Stiglitz?

FJCC: Eu não me interesso muito por esse tipo de discussão, eu tenho sempre medo de que isso sirva para alimentar debates sobre a “verdadeira natureza” dos praticantes, das “doutrinas” aceitas, etc. Isso se torna com muita facilidade um debate teológico, servindo principalmente para definir quem deveria ser queimado pela inquisição e quem poderia ainda ter sua alma salva, quem sabe, desde que aceite a penitência adequada. O que eu posso dizer é quais são os fundamentos sobre que eu apóio minhas proposições (não minhas crenças), e esses fundamentos são os que definem uma economia monetária de produção. Essa é uma estilização hipotética de uma economia moderna, de mercado, caracterizada por certas instituições, diferente das estilizações utilizadas por outras correntes, inclusive as que se apóiam em abordagens de equilíbrio geral walrasiano, ainda que seja para apontar as “imperfeições” da economia como ela realmente existe. Esse é o caso, por exemplo, de Stiglitz, que mesmo no que ele escreveu de mais recente, em teoria econômica (não no debate político voltado para a cidadania, e não para a comunidade acadêmica de economia). Esse método de definir tipos ideais para buscar identificar os desvios da realidade, como Frank Hahn já defendia no passado, me parece representar uma chance perdida de investigar o que realmente tem importância no mundo real, desperdiçando muito tempo na exploração de propriedades de configurações que se sabe irrelevantes, apenas para poder mostrar que são irrelevantes no final (é claro que a situação daqueles que fazem esse trabalho porque acreditam que elas sejam também relevantes empriicamente é muito pior, mas esses, francamente, já não me interessam há muito tempo. Há uma idade em que se pode perder tempo debatendo esse tipo de coisa, e outra em que a concentração em problemas relevantes se torna mais urgente).
Por outro lado, o debate em economia, como em todas as ciências sociais, gera implicações em termos de política que são sempre muito importantes. Nesse debate, não me interessa a cor do gato, o que interessa é que ele cace ratos. É impossível ignorar que a crítica, contínua e demolidora, do Paul Krugman às políticas anti-keynesianas e às teorias em que se apóiam é muito mais eficaz que a da maioria de nós (nós todos, em escala planetária). Nesse debate, não me interessa a diferenciação, quando ela não é relevante.

Blog da AKB: Sua escolha teórica tem alguma relação com sua visão política do mundo? Por que?

FJCC: Certamente. Eu venho de uma formação fundamentalmente marxista na minha juventude, que se supunha compatível com uma série de valores, como a importância do combate à desigualdade, à extensão de direitos, a busca de regras mais democráticas de relacionamento político, etc. Os trabalhos do que antigamente se chamava de Jovem Marx ainda me interessam, porque pareciam focalizar exatamente esses problemas. Com o tempo, os fundamentos téoricos da abordagem de Marx foram aparecendo, para mim, como muito mais frágeis do que eu julgava inicialmente e a encarnação política do marxismo, nos regimes de tipo soviético, a negação de tudo o que se esperava caracterizar um mundo melhor. É claro que não se pode imputar a Marx os resultados do chamado marxismo-leninismo, já que Marx não viveu para se posicionar a respeito, ainda que seja possível inferir de seus trabalhos que ele talvez fosse muito crítico do que se fez depois em seu nome. De todos os problemas reais do marxismo-leninismo, e sua ênfase em partidos do proletariado, o mais importante é certamente sua dependência aparentemente intrínseca de regimes totalitários. O totalitatismo parece ter estado no DNA dos regimes criados por esses partidos, que, com o tempo, aliaram o controle político à corrupção e ao controle de burocracias auto-eternizadoras. A crescente insatisfação com essa alternativa, me levou a buscar outros caminhos onde a preocupação com a redução de desigualdades, defesa do trabalho, etc, pudesse conviver com regimes democráticos me levou a estudar as experiências social-democratas e socialistas democráticas. Aglumas foram muito bem sucedidas, como as as nórdicas, outras foram bem sucedidas por um certo tempo, como na Grã Bretanha no pós guerra, outras foram muito marcantes na moldagem de instituições duráveis, como o que se chama de liberalismo nos Estados Unidos, simbolizados pela figura maior do século XX, o Presidente Roosevelt. Estudando essas experiências, que me pareciam compatíveis com a teoria keynesiana, sempre uma influência importante nas experiências social-democratas, especialmente depois da segunda guerra, me pareceu que havia mesmo muito em comum, o que me ajudou a moldar uma visão política mais coerente, eu acho. Essa visão eu pude explicitar em um artigo chamado Keynes and the Reform of the Capitalist Social Order, que publiquei no Journal of Post Keynesian Economics, que resumem um pouco minha própria visão política.

Blog da AKB: Na sua opinião qual sua maior contribuição para o desenvolvimento do pensamento pós-keynesiano ?

FJCC: Isso não cabe a mim dizer. Se alguem, lendo o que escrevi nesses anos, todos interessou-se mais pela teoria keynesiana e achou que esses textos ajudavam a entender melhor do que se tratava, minha maior contribuição foi essa mesma.

Blog da AKB:  Fale sobre a “axiomatização” que voce fez do conceito de economia monetária de produção no seu livro de 1992. Num artigo anterior ao livro publicado como TD na UFRJ voce usava a palavra “axiomas”, mas no livro voce mudou para o termo “princípios”. Qual a razão dessa mudança?

FJCC: Eu acho que ali o mais importante é o desdobramento em cinco ou seis (eu comecei com cinco e depois achei que seis seria mais consistente) princípios do que a mudança de axiomas para princípios em si. Axiomas são afirmações de partida, independentes e não redutíveis. No caso dos axiomas que eram propostos antes, me parecia que essa condição não era respeitada. Alem disso, o esquema de três axiomas, proposto por Davidson, serviam mais ao propósito de criticar a abordagem convencional do que para servir de base a uma teoria alternativa. Assim, o axioma na não validade do axioma da substituição bruta, por exemplo só era importante porque Davidson estava combatendo a idéia, presente na condição de estabilidade de modelos de equilíbrio geral, de que tudo era substituto para tudo, quando a relação proposta por Keynes entre moeda e produto, através das propriedades essenciais da moeda no capítulo 17 da Teoria Geral, era bem mais com plexa. Essa é um importante argumento de crítica, mas não de fundamentação de uma alternativa. Por isso, eu propus uma reformulação de princípios, mais voltados para a conceituação de uma economia monetária de produção, em relação ao proposto por Davidson anteriormente, mais voltado para a crítica das abordagens convencionais.

Blog da AKB:  Para pós-keynesianos como voce, Davidson e Kregel o conceito de economia monetária de produção é o core central da contribuição de Keynes para a teoria econômica. Entretanto, nos trabalhos de discipulos diretos de Keynes como Harrod, Kaldor e até mesmo Robinson a moeda aparece de forma passiva, se tanto, na análise. Isso te incomoda? O pos-Keynesianismo não seria, usando as palavras de Solow, um “estado de espírito” ao invés de uma escola de pensamento?

FJCC: Até certo ponto, Solow tem razão, porque esses rótulos não têm dono, alguem que exerça um poder de excomunhão. É preciso, de qualquer forma, aqui fazer uma distinção entre passividade da moeda, como na visão dos chamados horizontalistas no que se refere à oferta de moeda, liderados por Kaldor, e a passividade da moeda no sentido dos modelos de crescimento, como nos três autores que você cita. No caso dos modelos de crescimento, e isso é particularmetne claro no texto de Harrod, não há a hipótese de moeda passiva porque não se examina o modo de funcionamento da economia, mas sim como deveria ser redefiinida a condição de equilíbrio em uma configuração dinâmica. O problema de Harrod era o que o equilíbrio proposto por Keynes, em que demanda agregada era igualada pela oferta agregada, embutia a condição de que o investimento não era nulo. Se o investimento não era nulo, a oferta agregada, por causa do crescimento do estoque de capital, no período seguinte seria maior que a do período anterior e por isso, para preservar o equilíbrio, seria necessário que a demanda agregada crescesse também. A taxa garantida de crescimento de Harrod era simplesmente a taxa de crescimento que garantia que a demanda cresceria na mesma intensidade que a oferta e que portanto o equilíbrio de curto período descrito por Keynes na Teoria Geral se manteria na sucessão de curtos períodos. Não é uma teoria de operação de uma economia monetária, e nem sequer uma teoria da demanda agregada, é apenas a exploração da trajetória de equilíbrio de uma economia com as características descritas por Keynes. Joan Robinson em The Accumulation of Capital faz a mesma coisa, só que desdobrando a condição de equilíbrio em muitas possibilidades. Não são modelos de como a economia opera, mas sim algo muito mais restrito, o cálculo da solução de equilíbrio quando esta, por si mesma, altera as condições em que ela é encontrada. Harrod não diz que a taxa de crescimento depende da propensão a poupar e da relação capital/produto. O que ele diz, e é bem claro em seu artigo seminal, é que, se é para preservar o equilíbrio, a economia tem de crescer àquela taxa. Isso nada tem a ver com passividade da moeda.

Blog da AKB: Como voce avalia o desenvolvimento do pós-keynesianismo no Brasil? A escola tem conseguido formar novos quadros intelectuais?

FJCC: Eu acho que sim, alem das mais otimistas expectativas que tínhamos aí por volta da segunda metade dos anos 80, quando iniciamos o programa de mestrado na UFF que tinha na teoria keynesiana um dos seus pontos centrais. Basta olhar para ver os encontros da Associação Keynesiana, com um grande número de membros, a maior parte dos quais é desconhecida para mim. O keynesianismo é um componente forte do debate político-econômico neste país e tem também uma influência considerável na tomada de decisões no governo federal. Quando recebo visitantes estrangeiros ou participo de encontros no exterior é sempre um motivo de grande curiosidade o porque da força da corrente neste país. Ter de alguma forma contribuído para isso é fonte de uma enorme satisfação e de um grande orgulho para mim.

Blog da AKB: Na sua opnião qual será o futuro da escola pós-keynesiana no mundo? Em algum momento ela pode vir a se tornar mainstream? Por que?

FJCC: É difícil fazer previsões. O keynesianismo foi revivido com grande força pela crise internacional aberta em 2007. Eu me lembro de ter lido há alguns anos atrás uma observação do Edward Prescott, a quem deram inclusive um prêmio nobel, de que no programa de pós-graduação em que ele trabalhava, os alunos nem ouviam falar do nome Keynes. Alem da surpreendente apologia da ignorância vinda de um funcionário de uma universidade, é uma declaração que faz pensar: quem julgaria hoje em dia, exceto em uma igreja de lunáticos, Prescott ou Lucas ou Sargent, uma influência realmente duradoura sobre o pensamento econômico, que supere Keynes, nêmesis desse pessoal? Outro autor revivido pela crise, criando até mesmo situações cômicas, é Hyman Minsky. É quase impossível ler alguem falando sobre a crise (que tenha alguma audiência alem da crescentemente restrita comunidade de crentes na teoria convencional) que não se sinta obrigado a mencionar Minsky. Há até mesmo uma pista para distinguir pelo menos quem se deu ao trabalho de ler alguma coisa que Minsky tenha escrito. Aqueles que citam Minsky junto com Kilndleberger e só conseguem citar o nome do Manias, deste último, via de regra, não fazem a mais remota idéia do que realmente ele tenha dito, mas pelo menos se sentem envergonhados de reconhecer essa lacuna na sua formação. Grandes eventos, como a grande depressão redefinem a relevância de teorias econômicas. Basta ver as grandes mudanças ocorridas em resultado da grande depressão dos anos 30. Hoje se vê Lawrence Summers, por exemplo, falando de como modelos de equilíbrio geral estocástico dinâmico não são nada mais do que divertimentos irrelevantes, em um vídeo no youtube. O que virá por aí? Como dizia Chou En Lai a respeito da revolução francesa, é cedo  demais para dizer.

Blog da AKB:  Voce foi um dos grande estimuladores da criação da AKB.Como voce avalia a performance da AKB no ano em que se realiza o 4 Encontro Internacional da Associação?

FJCC: Eu acho que é um sucesso indiscutível, especialmente naquilo que, para mim, é o mais importante, que é a oportunidade de interação com economistas que adotam ou querem conhecer melhor essa tradição de pensamento mas que estão em centros cujo acesso ao debate é mais difícil. A vitalidade da associação nesses quatro anos desde sua fundação é absolutamente notável. Eu não contribuí para sua operação, apenas na discussão de sua criação, mas mesmo por essa participação eu tenho um enorme orgulho.

 

 

A Escolha de Sofia: Entre a Desindustrialização e o Fim do Estado do Bem-Estar?


José Luis Oreiro *

Luiz Fernando de Paula **

 

O instigante artigo de Samuel Pessoa e Márcio Nakane,  intitulado “A estabilização incompleta”, publicado no Valor Econômico de 14/06/2011, apresenta como principal conclusão uma verdadeira “escolha de Sofia” para a economia brasileira. Para que o Brasil possa ter uma taxa de juros mais baixa seria necessário (i) acabar com a acumulação de reservas internacionais por parte do BCB e aprofundar o processo de conversibilidade do Real, iniciado no começo da década de 1990, o que levaria a uma maior valorização da taxa real de câmbio de forma a atrair a poupança externa necessária para o “equilíbrio macroeconômico”, tendo como conseqüência uma redução ainda maior na competitividade da indústria nacional, acelerando assim o processo de desindustrialização da economia brasileira; ou (ii) aumentar a poupança doméstica por intermédio da redução do grau de cobertura do Estado do Bem-Estar Social introduzido no Brasil após a Constituição de 1988, uma vez que as políticas sociais e “assistencialistas” em prática no nosso país hoje em dia geram incentivos contrários a abstenção de consumo presente, contribuindo assim para uma baixa taxa de poupança doméstica.

O argumento dos autores se baseia no seguinte raciocínio. Em função da estrutura perversa de incentivos a abstenção de consumo presente, devido à ampla cobertura previdenciária, a taxa doméstica de poupança no Brasil é baixa, de maneira que o equilíbrio macroeconômico entre oferta e demanda agregada exige uma elevada taxa real de juros, criando assim um grande diferencial positivo entre a taxa de juros doméstica e a taxa de juros internacional. Numa economia aberta com mobilidade de capitais, esse diferencial de juros cria enormes incentivos para a entrada de capitais especulativos no país, os quais tendem a apreciar a taxa real de câmbio. A apreciação da taxa real de câmbio, por seu turno, incrementaria as importações e reduziria as exportações, aumentando assim o déficit em conta-corrente, o qual seria financiado com poupança externa. À medida que o câmbio se aprecia e a poupança externa flui para o país, contudo, a demanda doméstica passa a ser direcionada para bens produzidos no exterior, diminuindo assim a pressão sobre a oferta de bens disponível, o que permite a manutenção de uma taxa de inflação estável com uma taxa real de juros mais baixa. Dessa forma, os autores sustentam que, com o fim da política de acumulação de reservas combinada com a plena conversibilidade do real, a economia irá alcançar um novo ponto de equilíbrio no qual os juros reais serão mais baixos e o câmbio será mais valorizado do que na situação inicial, ao mesmo tempo em que o déficit em transações correntes alcançaria níveis próximos a 4% do PIB. Um corolário desta política é que a taxa real de câmbio prevalecente na nova posição de equilíbrio será provavelmente muito baixa para dar garantias mínimas de sobrevivência à indústria nacional. O país estaria condenado, portanto, a desindustrialização.

Para impedir a ocorrência de desindustrialização, e ao mesmo tempo eliminar o problema “juro alto, câmbio valorizado”, a única alternativa disponível seria reduzir as políticas sociais e assistencialistas do Estado brasileiro, de forma a produzir o conjunto correto de incentivos microeconômicos para uma elevação da taxa de poupança doméstica. Em outras palavras, deve-se reduzir substancialmente o Estado do Bem-Estar criado no Brasil a partir da Constituição de 1988.

Nesse contexto, observa-se que a eliminação do problema “juro alto, câmbio valorizado” requer que o governo e a sociedade brasileira façam uma escolha entre desindustrialização e fim do Estado do Bem-Estar Social, uma verdadeira “escolha de Sofia”.

O governo atual, ao mesmo tempo de esquerda e desenvolvimentista, tenta (inutilmente segundo os referidos autores) escapar desse dilema por intermédio da política de acumulação de reservas conduzida pelo Banco Central. Quando o BC compra reservas (e estereliza o efeito dessas operações sobre a base monetária por intermédio das operações compromissadas) ocorre um aumento da demanda por moeda estrangeira, a qual produz uma elevação “artificial” do preço da mesma, de maneira a se produzir uma taxa real de câmbio sub-valorizada. Essa desvalorização artificial do câmbio impede o aumento da poupança externa, travando assim o processo de ajuste “natural” pelo qual a demanda doméstica se equipararia a oferta disponível, o que permitiria a redução da taxa real de juros. Dessa forma, a política de acumulação de reservas consegue impedir (ao menos parcialmente) a valorização natural da taxa real de câmbio, à custa da manutenção da taxa real de juros em patamares elevados na comparação com outros países. Essa política de acumulação de reservas, contudo, tem um elevado custo fiscal, em função do alto custo de carregamento dessas reservas, resultado do diferencial entre a taxa de juros doméstica (que remunera as operações compromissadas) e a taxa de juros internacional (que remunera as reservas). Além disso, a manutenção de uma elevada taxa real de juros – em função da política de compra de reservas internacionais – não só contribui para manter um elevado fluxo de capitais especulativos para o Brasil – o que gera o problema da tendência a apreciação do câmbio real – como ainda reduz o incentivo para o investimento privado, diminuindo assim a taxa potencial de crescimento da economia brasileira.  Sendo assim, a tentativa do governo de fugir a “escolha de Sofia” só atua no sentido de aprofundar os desequilíbrios existentes na economia brasileira, como também no sentido de reduzir o potencial de crescimento do país a longo-prazo.

O argumento dos autores parece, a primeira vista, bastante lógico. O problema é que a lógica não é suficiente para se alcançar a “verdade”. Além da lógica, é necessário que se parta de premissas corretas ou razoavelmente realistas. Além disso, as conclusões devem ser submetidas a um adequado teste empírico. Ao fim e ao cabo, a “prova do pudim é comê-lo”.

A argumentação dos autores tem quatro premissas fundamentais e uma conclusão empiricamente testável. A primeira premissa é que a oferta doméstica de bens é inelástica a longo-prazo, de forma que um aumento da demanda agregada autônoma (por exemplo, o investimento) exige um aumento da taxa real de juros para que se mantenha o equilíbrio macroeconômico, ou seja, uma taxa de inflação constante e estável. A segunda premissa é que o Brasil sofre de um problema estrutural de escassez de poupança doméstica devido aos incentivos perversos criados pela Constituição de 1988, os quais estimulam o consumo presente em detrimento da poupança e do consumo futuro. A terceira premissa é que a apreciação do câmbio real gera um aumento da taxa de poupança externa, sem que haja uma redução da taxa de poupança doméstica. Em outras palavras, a apreciação da taxa real de câmbio permite um aumento da poupança agregada da economia. Sendo assim, não há substituição de poupança doméstica por poupança externa na argumentação dos autores. A conclusão que é empiricamente testável é que a economia brasileira se encontra hoje com uma taxa de câmbio sub-valorizada. A quarta premissa é que o elevado risco cambial, causado pelo alto risco de conversibilidade (“hipótese Arida”), que por sua vez eleva os custos de hedge, contribui para que a taxa de juros doméstica seja superior as taxas internacionais. Iremos argumentar na seqüência que as quatro premissas são questionáveis, ao passo que a conclusão empiricamente testável é rejeitada na maior parte dos estudos existentes sobre a situação da taxa real de câmbio no Brasil.

A inelasticidade da oferta agregada a longo-prazo parece indicar que os autores assumem que a economia opera com pleno emprego da força de trabalho ou que, pelo menos, a economia está operando com uma taxa de desemprego próxima ao que os economistas denominam de NAIRU, ou seja, taxa de desemprego para a qual a inflação não se acelera. Com efeito, a economia brasileira tem registrado nos últimos meses (mas não durante todo o governo Lula) níveis bastante baixos de desemprego, o que tem levado vários economistas a afirmar que o Brasil vive, hoje em dia, um estado de pleno-emprego de fato, ou próximo a ele. Se o Brasil está ou não numa situação de pleno emprego é uma questão empírica que não iremos tratar aqui, mas não é esse o ponto que importa para a argumentação dos autores. A argumentação deles se baseia explicitamente na hipótese de que a oferta agregada é inelástica[1], logo o pleno emprego deve ser a “norma” e não o caso fortuito[2]. Tendo em vista que o Brasil convive há vários anos com o problema “juro alto, câmbio valorizado” não nos parece correto basear toda uma argumentação lógica em cima de um pressuposto que, se for válido, aplica-se apenas ao período bem mais recente da economia brasileira. De fato, o pleno emprego certamente não tem sido a norma no Brasil desde o final da década de 1970, e também não foi a norma no governo Lula.

A premissa de que o Brasil sofre de um problema de escassez crônica de poupança doméstica devido aos incentivos perversos produzidos pela Constituição de 1988 também parece não ser uma hipótese plausível. Do ponto de vista da teoria keynesiana, tal como os gastos agregados determinam a renda global da economia, o poupança agregada resulta das decisões empresariais de investimento. De fato, ao observarmos o comportamento da taxa de investimento e da poupança bruta no Brasil entre o primeiro trimestre de 2000 e o primeiro trimestre de 2011, constatamos que (i) as flutuações da taxa de poupança são mais intensas do que as flutuações da taxa de investimento; mas, grosso modo, as flutuações da última acompanham as flutuações da primeira, e (ii) a taxa de poupança bruta apresenta dois momentos de intensa variação, a saber, entre o primeiro trimestre de 2003 e o primeiro trimestre de 2004, período no qual ela apresenta um forte aumento de 4 p.p; e o primeiro trimestre de 2008 e o primeiro trimestre de 2009, período em que a taxa de poupança sofre uma redução bastante significativa de 4,2 p.p. Essas mudanças súbitas e violentas na taxa de poupança bruta não podem ser atribuídas a mudanças no Estado do Bem-Estar Brasileiro, mas sim a evolução da taxa real de câmbio, da taxa de inflação e da política tributária do governo. Com efeito, o início do governo Lula se caracterizou pela combinação de taxa real de câmbio depreciada e taxa de inflação relativamente alta (ainda que em declínio). Câmbio depreciado e inflação elevada são fatores que deprimem o salário real, produzindo assim uma redução do consumo privado e, conseqüentemente, um aumento da poupança doméstica privada. Entre 2008 e 2009, a redução da taxa de poupança pode ser explicada pelas medidas de desoneração tributária de caráter temporário que o governo adotou sobre uma série de produtos para estimular o consumo de maneira a combater os efeitos da crise financeira mundial sobre a economia brasileira. Passada a crise e findos os programas de redução temporária de tributos, contudo, observa-se uma recuperação significativa da taxa de poupança bruta, a qual aumenta 2,2 p.p entre o primeiro trimestre de 2009 e o primeiro trimestre de 2011.

Além disso, parece ser pouco plausível que o problema do juro elevado no Brasil se deva a escassez de poupança doméstica. Com efeito, se essa explicação fosse correta, então a taxa real de juros de longo-prazo deveria ser muito alta para os padrões internacionais, o que não acontece. Com efeito, o contrato de DI futuro/swaps com vencimento em julho de 2014 estava pagando um juro real ex-ante de 7,4% a.a no dia 14/06/2011. Trata-se de um juro elevado, com certeza, mas não absurdo na comparação com outros países em desenvolvimento. Na verdade o problema brasileiro é com a taxa de juros de curto-prazo; mais especificamente, a idiossincrasia brasileira é que a taxa real de juros de curto-prazo (ou seja, a Selic descontada da expectativa de inflação) é muito alta para os padrões internacionais. Isso não tem nada a haver com uma alegada escassez de poupança doméstica, mas com a forma de rolagem da dívida pública brasileira herdada do período de inflação alta (Nakano, 2011).

Mais especificamente, a razão fundamental para a persistência de um juro real de curto prazo[3] tão elevado deve-se ao fato de que nosso país é, provavelmente, o único lugar do mundo onde o mercado monetário e o mercado de dívida pública estão umbilicalmente conectados por intermédio de um título conhecido como Letras Financeiras do Tesouro, a “jabuticaba” brasileira, as quais respondem por aproximadamente 35% da dívida mobiliária federal.

A existência desses títulos faz com que a mesma taxa de juros que a autoridade monetária utiliza para colocar a inflação dentro da meta definida pelo CMN seja a mesma taxa de juros que o Tesouro Nacional paga por uma fração considerável da dívida pública. Dessa forma, a taxa Selic é obrigada a cumprir duas funções dentro do sistema financeiro brasileiro: ela é a taxa de juros que regula os empréstimos no mercado interbancário, ao mesmo tempo em que ela é a taxa pela qual o Tesouro Nacional consegue rolar uma parte significativa da dívida pública. Como a mesma taxa de juros precisa desempenhar duas funções, segue-se que a função de instrumento de política monetária acaba sendo contaminada pela função de rolagem da dívida pública federal, uma vez que o Banco Central não tem como fixar um valor da Selic para as operações no mercado interbancário e outro valor da Selic para as operações de rolagem da dívida pública[4].

Nesse contexto, a fragilidade ainda remanescente das contas públicas brasileiras acaba por fazer com que a taxa de juros requerida pelo mercado para a rolagem da dívida pública seja “excessivamente alta”, o que acaba se transmitindo, por arbitragem, para as operações normais de política monetária. Alternativamente, o comportamento da política monetária igualmente pode contaminar a rolagem da dívida pública. Deve-se ressaltar que a tão propalada melhoria da situação fiscal do Estado Brasileiro, após a adoção de expressivos superávits primários, é mais mito que fato. Com efeito, não só o setor público consolidado continua gerando expressivos déficits nominais (3,3% do PIB em 2009 e 2,6% do PIB em 2010), como ainda os juros nominais da dívida (5,4% do PIB em 2009 e 5,3% 2010) superam em muito o superávit primário (3,3% do PIB em 2009 e 2,6% em 2010). Dessa forma, o Estado brasileiro ainda possui uma postura financeira “Ponzi” nos termos de Minsky (1986), ou seja, as receitas líquidas do governo não são capazes de cobrir a totalidade das despesas de juros[5], o que eleva o risco de financiamento do Tesouro, aumentando assim o poder de mercado dos compradores de títulos, os quais podem exigir taxas de juros mais altas para a colocação dos papéis do governo.

A premissa de que não existe substituição de poupança doméstica por poupança externa nos parece também bastante questionável[6]. Isso porque uma apreciação da taxa real de câmbio induz um aumento – este sim artificial – do salário real e da participação dos salários na renda. Como a propensão a consumir a partir dos salários é maior do que a propensão a consumir a partir dos lucros (Kaldor, 1956); segue-se que uma apreciação da taxa real de câmbio irá produzir uma redução da taxa de poupança doméstica, anulando total ou parcialmente, o efeito do aumento da poupança externa sobre a poupança agregada da economia.

Quanto a premissa de que o risco de conversibilidade contribui para elevar a taxa de juros doméstica, esta é igualmente questionável[7]. Se existe um assunto que tem sido fortemente questionado pela literatura internacional, e até por instituições multilaterais como o FMI, são os supostos benefícios da liberalização financeira para os países em desenvolvimento. Mercados financeiros e cambiais em países emergentes se defrontam freqüentemente com o problema de integração financeira internacional assimétrica: seus mercados são estreitos vis-à-vis o volume dos fluxos de capitais, podendo torná-los em certas circunstâncias bastante instáveis, com efeitos instabilizantes sobre a taxa de câmbio, já que o comportamento dos investidores externos é em boa medida determinado por fatores exógenos. Assim, a existência de um volume de reservas cambiais elevado e/ou a possibilidade de se implementar controle de capitais quando a circunstância convir, pode sinalizar aos investidores o compromisso do governo de manter um razoável ordenamento no mercado de divisas, contribuindo para sua maior estabilidade. As evidências empíricas sobre os benefícios do processo de liberalização financeira sobre crescimento econômico e estabilidade macroeconômica no Brasil não apresentam os resultados esperados pelos defensores da liberalização (ver, entre outros, Paula, 2011).

No que se refere à conclusão dos autores de que a taxa de câmbio encontra-se sub-valorizada, os autores baseiam a mesma num estudo empírico realizado pelo economista Afonso Celso Pastore (e associados) no qual se estima um modelo de determinação da taxa real de câmbio de equilíbrio, onde o câmbio de equilíbrio depende dos termos de troca e do passivo externo líquido. Nesse modelo, o câmbio real no Brasil encontra-se 5% acima do valor de equilíbrio, ou seja, a situação prevalecente na economia brasileira seria, nesse caso, de câmbio sub-valorizado. Essa conclusão é contrária a uma boa parte da literatura brasileira que trata do tema em consideração (ver, entre outros, Oreiro et alli, 2010). O problema com o modelo de Pastore e associados é que o mesmo ignora a dimensão doméstica do conceito de taxa real de câmbio de equilíbrio (Nurkse, 1945), a qual é definida como aquele nível da taxa real de câmbio que garante simultaneamente o equilíbrio externo (déficit em conta corrente sustentável no longo-prazo) e o equilíbrio interno (economia operando com pleno-emprego e inflação estável). Dessa forma, a dinâmica da taxa real de câmbio de equilíbrio do modelo de Pastore e Associados é praticamente idêntica a dinâmica da taxa real de câmbio efetiva, fazendo com que os episódios de desalinhamento cambial, quando ocorrem, sejam de reduzida magnitude e baixa persistência temporal (ver Pastore et al, 2008).

Com base nos argumentos acima expostos, concluímos com a observação de que a tese defendida por Pessoa e Nakane é questionável do ponto de vista de sua fundamentação teórica e empírica. Acreditamos que as causas do problema “juros elevados, câmbio apreciado” devem ser buscadas em outras fontes que não as citadas pelos referidos autores, e que, ademais, a economia brasileira não parece estar fadada a uma “escolha de Sofia” entre a Desindustrialização e o fim do Estado do Bem-Estar Social.

Referências

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NURKSE, R. (1945). “Conditions of international monetary equilibrium”. Essays in International Finance 4 (Spring). Princeton, Nova Jersey: Princeton University Press.

OREIRO, J.L; PAULA, L.F; JONAS, G. (2004). “Por uma moeda parcialmente conversível: uma crítica a Arida e Bacha”. Revista de Economia Política, vol. 24, n.2.

OREIRO, J.L; GUIMARÃES SOUZA, G.J; NAKABASHI, L. (2010). “A economia brasileira puxada pela demanda agregada”. Revista de Economia Política, vol. 30, n.4.

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PASTORE, A.C; PINOTTI, M.C; ALMEIDA, L.P (2008). “Câmbio e crescimento: o que podemos aprender?” In: BARROS, O; GIAMBIAGI, F (Orgs.). Brasil Globalizado. Campus: Rio de Janeiro.

PAULA, L.F. (2011). Financial Liberalization and Economic Performance: Brazil at the crossroads. London: Routledge.

TOBIN, J.  (1975). “Keynesian models of recession and depression”.  The American Economic Review, vol. 65, n.2.


* Professor do Departamento de Economia da UnB, Pesquisador do CNPq e Diretor da Associação Keynesiana Brasileira (AKB). E-mail: joreiro@unb.br.

** Professor da Faculdade de Ciências Econômicas da UERJ, Pesquisador do CNPq e Presidente da AKB. E-mail: luizfpaula@terra.com.br.

[1] As evidências empíricas disponíveis para a economia brasileira mostram que o regime de crescimento prevalecente no Brasil é demand-led, ou seja, puxado pela demanda agregada. Dessa forma, a hipótese de inelasticidade da oferta-agregada a longo-prazo parece não ter fundamentação empírica. A esse respeito ver Libânio (2009) e Oreiro, Guimarães e Nakabashi (2010).

[2] O equilíbrio com pleno emprego, embora seja uma possibilidade lógica, é apenas uma entre n posições de equilíbrio numa economia capitalista (Keynes, 1936). Além disso, as economias de mercado não possuem mecanismos endógenos capazes de garantir a convergência à posição de equilíbrio com pleno emprego. Isso porque, a flexibilidade de preços e salários nominais, suposta pela Teoria Clássica e Neo-Clássica como sendo o mecanismo pelo qual as economias de mercado tendem “naturalmente” a operar com pleno emprego no longo-prazo, gera efeitos fortemente desestabilizadores sobre o nível de produção e emprego, de tal forma que o desemprego pode se ampliar, ao invés de se reduzir, ao longo do tempo. A esse respeito ver Tobin (1975).

[3] Oreiro e Paula (2010).

[4] O leitor deve observar que a argumentação aqui apresentada não tem nenhuma relação direta com a discussão a cerca da influência das LFTs sobre o efeito riqueza da política monetária.

[5] Isto não quer dizer que o Estado brasileiro esteja insolvente, pois ele tem capacidade de se financiar no mercado. Ademais, a solvência do Tesouro depende de uma série de fatores, como o comportamento da taxa de crescimento do PIB, superávit primário, taxa Selic e a composição da dívida pública.

[6] A hipótese de que a poupança doméstica e a poupança externa são substitutas é detalhadamente desenvolvida em Bresser-Pereira (2009).

[7] A assim chamada hipótese Arida-Bacha-Resende segundo a qual o problema do juro alto no Brasil está relacionado com a conversibilidade incompleta ou parcial do Real foi objeto de intensa crítica e debate na Revista de Economia Política. Ver Beluzzo e Carneiro (2004), Oreiro, Paula e Jonas (2004) e Ferrari Filho et al (2005).